Vida y miserias de un árbitro regional I

Hierro protesta al árbitro egipcio Al Ghandour. | Cordon Press


Tino Sinclair

Hoy empiezo en Argo una nueva sección que espero tenga continuidad, en ella os hablaré de ese gran desconocido: el futbol regional, y trataré de hacerlo desde la visión neutral que me proporciona el arbitraje. En este primer capítulo, por no alterar el orden natural de los acontecimientos, me centraré en la crónica de los momentos previos al partido y en dar un marco general de cómo transcurre.

Todo comienza el miércoles, cuando los árbitros y sus asistentes reciben un correo con el partido en el que les toca impartir justicia, su horario y demás detalles menos pertinentes. Me imagino que los curas también se organizan así.

Días antes del encuentro, el árbitro se comunica con sus asistentes vía WhatsApp (bendita tecnología) y queda para recogerlos e ir todos en el mismo coche para crear piña. También les da instrucciones sobre qué camisetas llevar (por eso de que no coincidan con las de los equipos). Una vez llega el día de partido, el árbitro, que suele ser el conductor, recoge a los asistentes y juntos se dirigen al campo. Personalmente, siempre procuro ir unos veinte minutos antes para tomar un café y, aprovechando el refrigerio, darles la “charla pre-partido”, en la que se distribuyen las zonas del campo de las que se encarga cada asistente, cómo gestionar las protestas de banquillo etc.

Ya en el campo, todas las miradas de los allí presentes se dirigen hacia el trio arbitral, pues nos saben culpables de que uno de los equipos vaya a perder. Tras dejar nuestras mochilas en el vestuario procedemos a comprobar el estado del campo, de las redes y de las medidas del área técnica (desde el año pasado es obligatorio en Asturias).

Unos 45 minutos antes, los delegados de los equipos nos entregan las fichas y nos muestran sus equipaciones —tanto de jugadores como de portero— para prevenir coincidencias de ningún tipo. Una vez hecho esto, introducimos las alineaciones en una web llamada “Sistema Fénix”. Después, a partir de la categoría 1ª Regional, se suele salir a calentar unos quince minutos para evitar lesiones y salir más concentrados al partido.

Diez minutos antes del inicio, se manda a los equipos al vestuario para que los jugadores reciban las arengas de sus respectivos entrenadores. Cinco minutos después, los asistentes comprueban en el “túnel” que la equipación de los jugadores sea la correcta (que no lleven collares ni pulseras, que lleven espinilleras, térmicas y mallas calentadoras del mismo color que la camiseta y el pantalón etc.). Acabada esa comprobación, salimos al campo, se realiza el sorteo y, tras el pitido inicial, empieza a rodar la pelota.

Durante el primer tiempo la grada de regionales no aprieta en exceso: sigue el ejemplo de los equipos, que se limitan a tantear a su rival. A menudo “rival” incluye al equipo arbitral. Suele haber alguna protesta, pero nada fuera de lo común en este gran circo que es el fútbol.

Tras el descanso, es cuando los equipos suelen apretar e ir por todas (especialmente si ya han recibido un gol). Del mismo modo, la grada protesta cualquier decisión —les perjudique o no— para ejercer presión e influir en las decisiones del trío arbitral. Una vez que acaba la segunda parte, con el pitido final, si el equipo local ha perdido, nos llueven improperios. Insultos de todo tipo, algunos con bastante imaginación y, la gran mayoría, con recuerdos para nuestras madres y novias.

Mientras llueven palabras que solo raramente merecemos, nos dirigimos con toda la solemnidad que podemos a nuestro vestuario. Introducimos en el mencionado Sistema Fénix las amonestaciones o expulsiones que de rigor, los goles, las sustituciones y —en algunos casos— también las lesiones.

Después de la ducha, toca volver a casa. La mayoría de las ocasiones lo hacemos con una sonrisa y con la satisfacción del trabajo bien hecho, aunque cansados y con la mente puesta ya en afrontar otra semana más por los pueblos astures.


Tino
Tino Sinclair: El gran megalosaurio. Padre repudiado, trapero y árbitro regional. Me gusta el riesgo.

 

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