Un cumpleaños para sociópatas

Maquiavelo J. Reilly

Se cumple una centuria del mayor cataclismo de la historia contemporánea: la revolución bolchevique. Así como las huestes mongolas entraron en Bagdad, los rabiosos agitadores asaltaron el Palacio de Invierno, no para derrocar al santo Zar de todas las Rusias, sino al Gobierno Provisional encabezado por el inconsciente Kerensky. Los asaltantes portaban los mismos rifles que el tancredista Ejecutivo les había proporcionado por temor a un golpe derechista. Ni Rajoy ha llegado tanto.

Al Zar no lo depusieron, por más que lo quieran asumir los niñatos de ‘emoji’ de hoz y martillo. Lo único que hicieron fue dar martirio, de forma alevosa y cobarde, a una familia desafortunada retenida en Ekaterimburgo.

Romanov
Familia imperial rusa (1913).

Sin embargo, pese a mancharse las manos con la sangre de los niños Romanov, estos revolucionarios fueron más serviles a un emperador, el germano, que toda la corte de Prusia. No fue el internacionalismo obrero, sino Guillermo II, quien dispuso la vuelta del exiliado Vladímir Ilich Uliánov al territorio ruso. Y a cambio, el totalitario rindió Rusia al monarca, cediendo en Brest-Litovsk tierras donde habitaban un tercio de la población del viejo imperio. Los presuntos anti-aristócratas bolcheviques llegaron a destruir a su partido coaligado, los social-revolucionarios de izquierda, cuando éstos atentaron contra la vida del embajador alemán en Moscú, el conde Mirbach. Si desconociese al rojo diría que parece irónico.

La valentía que no tuvieron contra el Kaiserreich la encontraron al descerrajar tiros sobre miles de personas. Como contraste absoluto al descalabro económico del comunismo de guerra (que Bujarin tendría que dar fin en el 21) la Cheká de Dzerzhinsky brilló en la innovación de métodos de exterminio humano, con una eficiencia y magnitud que convertirían a la Ojrana (policía política zarista) en una mera anécdota, un mal chiste, en el horizonte de la historia. El terror rojo, defendido epistolarmente por el déspota con calvicie, se aplicó a los malignos reaccionarios, esto es, todo el que estorbaba.

Va a resultar que hay más veracidad en la película infantil Anastasia que en todo el relato del alelado caracráter de Alberto Garzón. Ni el golpe de octubre -pues de revolución espontánea tuvo poco- fue lo que puso fin al zarato, ni  fue Lenin quien abolió la servidumbre, pues tal hecho es mérito de Alejandro II (el sovnarkom, por contra, no dudó en decretar la conscripción laboral). El bolchevique no trajo ni tierra, ni paz, ni pan; sólo creó un icono para todos los mentecatos.

La facción bolchevique (del ruso, mayoritario) resultó ser una minoría armada y furibunda que no dudó en sustituir sóviets disconformes por órganos burocráticos y partitocraticos. También llevaban la hoz en el estandarte pero fusilaban a campesinos. He visto a vendedores de tónico capilar sacados de spaghetti western más honestos que estos estafadores. Mientras tanto, a la gente de orden no nos queda otra que celebrar el aniversario de la caída del presunto “muro de contención antifascista”, por el que pasamos por encima.

Los cándidos no tienen nada que perder, salvo sus carteras. ¡Majaderos de dúplex de papá, uníos!

CoatUssrArtículo validado por el Comité
Anticomités de Validación de Argo


MaquiaveloRedactor

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.