Ciudad gemela

Redacción & Lucas Oraá

Cemen

¿Es ésta la región, el país, el clima —dijo el arcángel caído—: es ésta la mansión que debemos trocar por el cielo, esta triste oscuridad por la luz celeste? Sea, puesto que el que ahora es Soberano puede disponer y decidir lo que le parezca justo. Lo que más nos aleje de Él será lo mejor; de Él, que, igual en razón, se ha elevado por medio de la fuerza contra sus iguales. ¡Adiós campos afortunados, donde no existe una felicidad eterna! ¡Salud, horrores! ¡Salud, mundo infernal! Y tú, profundo infierno, recibe a tu nuevo señor, que llega a ti con un ánimo que no podrán cambiar el tiempo ni el lugar. El espíritu lleva en sí mismo su propia morada y puede en sí mismo hacer un infierno del cielo o un cielo del infierno. ¿Qué importa el sitio donde yo resida si soy siempre el mismo y el que debo ser: si lo soy todo, aunque menor que Aquel a quien el rayo ha hecho más grande? Aquí, por lo menos, seremos libres. El Todopoderoso no ha formado este sitio para envidiárnoslo, y no querrá, por tanto arrojarnos de él. Aquí podemos reinar con seguridad, y, según mi parecer, reinar es digno de ambición, aunque sea en el infierno. Vale más reinar en el Infierno que servir en el Cielo.

 

El paraíso perdido, John Milton.


 

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