Mamá, ya soy mayor

Maquiavelo J. Reilly

El pilar sobre sobre el que se sustenta el arquetipo de la quinceañera del pelo verde, argolla de camello en el naso, gargantilla de fulana contemporánea e instagram, es la esquizofrenia con ínfulas de rebeldía. Ojalá dedicasen la misma atención al boletín de las notas que a postear frases vacías en inglés (o en francés o italiano para mayor jolgorio cursi).

Y es que la quinceañera dice rozar la madurez que se presume a la mayoría de edad. Son libres y tienen mucho que demostrar a crápulas que todavía las consideran niñas. A ver cuando empiezan a demostrar algo distinto a la idiocia, se pregunta uno.

Y es que no sólo adolecen de la patología del quinceañismo aquellas niñatas que ya alcanzan los tres lustros en este valle de lágrimas; existe toda una pléyade de anabolenas ya adultas que han aprovechado el tormento también conocido como posmodernidad para darse a conocer y recordarte que siguen existiendo.

Pocas veces sentí tanta vergüenza ajena como cuando, en un infortunio, me topé con un vídeo de una chocarrera que se hace llamar Marta Filch. Un ladrillo en medio de un descampado tendría más gracia que esta plomiza economista sacada de la tasca del tío Manolo. Toda su cargante superioridad moral la entrega condimentada con el odioso formato del puto vídeo cuadrado de Facebook, del que cualquier persona de bien estaría ya hasta los cojones. En la misma categoría habría que incluir a su vez a las soporíferas chupatintas que conforman la sección femenina del pasquín de Pedro J. Ramírez. Qué pereza.

También entran dentro de la transversalidad quinceañera toda la farándula crudivegana, radfem, poscolonial, pachamámica, neopagana e inserte-aquí-su-trastornosexual que puebla Tuiter. Trapisondistas que casi harían parecer a la sociópata de Barbijaputa una persona normal. Mira criaja, yo no asumo tu género, asumo que eres subnormal.

Para colectivo oprimido el de los padres poniendo las acelgas sobre la mesa a ninis “aliados” concienciados sobre la violencia estructural generada por despatarrarse en el autobús. Lo que empezó como tragedia regresó como farsa tras la caída del muro. Ya sabíamos que érais imbéciles amorales, no hacía falta que nos lo recordaseis al regocijaros públicamente de la muerte de un torero.

2017 es la triste historia de la mujer lozana que se plantea adoptar a un cuarto gato tras tomarse, como cada finde, la ritual píldora del día después.

Seguiremos informando desde el Maestrazgo. Corto y cierro.


MaquiaveloRedactor

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