Idea Vilariño

Laura Palacio

Si pienso en el Montevideo de Idea, lo imagino tal y como ella lo describió en sus poemas y entrevistas. Visualizo el patio de su casa plagado de jazmines y rosas que alcanzan una belleza insuperable en el mes de Octubre cuando la primavera invade Uruguay, los días crecen y la brisa recorre las avenidas y el paseo junto al mar. Vislumbro los atardeceres mirando al Río de la Plata desde la playa, que se tornan naranjas y grisáceos por las nubes, los cafés en los que se reunía con compañeros y amigos para hablar de poesía y política, el tranvía llegando a la Plaza de la Independencia desde la ciudad vieja, dejando atrás edificios coloniales y atravesando el arco empedrado que da forma a la Puerta de la Ciudadela.

El abuelo de Idea Vilariño era gallego y viajó a Uruguay años antes de que Idea naciese en el año 1920. Además de ella, estaban Azul, Alma, Poema y Numen, que son nombres que me inspiran para escribir un cuento pero eran el resto de hijos de Leandro y Josefina.

Alma, Azul, Poema, Numen (1953)

Quiénes son quiénes son
metidos en mi vida
imponiendo ternura
espectros como yo
momentáneos y vanos
iguales a las hojas que pudre cada otoño
y no dejan memoria.
Quiénes son quiénes son.
Son éstos y no otros
de antes de después
frutos de muerte son
sin remedio sin falta
irremisiblemente
antes o después
muertos
tan fugazmente cálidos alentando y erguidos
y amando
por qué no
amando sin pavor
sin conjugarse nunca
la otra alma el otro cuerpo
la otra efímera vida.
Quiénes son quiénes son.
Qué camada de muertos para el suelo que pisan
qué tierra entre la tierra mañana
y hoy en mí
qué fantasmas de tierra obligando mi amor.

Toda la obra de Idea es la expresión absoluta de sus vivencias, las ideas anarquistas de su padre así como el amor por la cultura y la poesía que le fueron inculcadas desde pequeña. No pude entender partes de su poesía hasta que no descubrí que sus padres y uno de sus hermanos fallecieron durante el comienzo de su juventud. Leyéndola se pasea cerca de su noción de la muerte, de su pesimismo, del sufrimiento vital que sintió, el que hace sentirla cerca aún siendo una mujer de otra época.

Sola (1937)

Sola bajo el agua que cae y que cae.
Los ruidos se agrisan, termina la tarde,
y siento que añoro o deseo algo,
quizás una lágrima que rueda y que cae.
Sola bajo el agua que cae y que cae,
sola frente a todo lo gris de la tarde
pensando que añoro o deseo algo,
quizás una lágrima color de la tarde.
Sola bajo el agua,
sola frente al duelo sin luz de la tarde,
sola sobre el mundo, sola bajo el aire.
Sola,
sola y triste, lejos de todas las almas,
de todo lo tierno, de todo lo suave.
Silencio, tristeza, la muerte más cerca
en el marco triste y sin luz de la tarde.

El asma y una enfermedad en la piel delimitaron el cuadro que era su vida. Unos eccemas invadían su cuerpo y para aliviarlos permanecía horas en una bañera caliente que ablandaba sus heridas. Esta fragilidad sobrevenida y la sensibilidad que desde que era una niña la acompañó se plasma en sus poemas magistralmente.

Eso (1950)

Mi cansancio
mi angustia
mi alegría
mi pavor
mi humildad
mis noches todas
mi nostalgia del año
mil novecientos treinta
mi sentido común
mi rebeldía
mi desdén
mi crueldad y mi congoja
mi abandono
mi llanto
mi agonía
mi herencia irrenunciable y dolorosa
mi sufrimiento
en fin
mi pobre vida.

Ella misma afirmaba que escribir poesía era el “acto más privado de su vida, realizado siempre en el colmo de la soledad”, así se lo confesó a Mario Benedetti en una entrevista y de esta manera nos podemos acercar a su biografía de la mejor manera: a través de sus versos. Las poetas –nunca poetisas, una palabra cargada de debilidad y concesiones, según Idea- de su generación fueron pioneras y tuvieron un papel imprescindible: fueron las primeras que asumieron el papel de intelectuales. No es casualidad que hubiese una notable desvinculación del Estado respecto de la religión desde principios del siglo XX en Uruguay, así como que fuese el primer país de América Latina en legalizar el voto femenino en el año 1927, aunque las primeras elecciones nacionales con presencia de mujeres en el censo de votantes fuesen en 1938. Idea perteneció al movimiento social y artístico de la Generación del 45, esta distinción cristalizó en su trabajo como cofundadora (junto a Manuel Claps y Emir Rodríguez Monegal) y editora de la revista Número. La publicación contó con la colaboración de Mario Benedetti, Borges y Onetti entre otros, fue un importante medio de divulgación artística, pero sobre todo una valiosa muestra de la poesía uruguaya, en la que destaca como eje principal la influencia del existencialismo de Jean Paul Sartre.

 

4._
Reunión de la revista Número, en casa de Emir Rodríguez Monegal

 

Uno de mis grandes defectos como lectora es lo repetitiva que me vuelvo a veces con mis lecturas. Cuando un artista me fascina regreso obsesivamente a su obra, a su vida, a todo lo que le rodeó, me pregunto por qué escribió de esa manera en aquel momento y como es natural, descuido la tarea de seguir descubriendo nuevas plumas e incluso me dejo grandes joyas de la literatura sin leer, posponiendo el momento de comenzar con ellas. Este es mi pequeño homenaje a una mujer excepcional que es menos conocida de lo que merece y en cuya vida estuvieron presentes el amor, el sufrimiento y la pasión de forma oscura y brillante al mismo tiempo. Antonio Muñoz Molina escribió sobre la mirada de Idea. Una mirada en la que pudo ver el “fuego frío de la juventud, emboscada en el interior de sí misma, y tan a solas como en esa habitación que es el espacio visible o implícito de casi todos sus poemas: la habitación del insomnio, la de la soledad al mismo tiempo orgullosa y desgarrada, la del amor furioso y sobre todo la de la ausencia y la rememoración pasional y desengañada del amor”.

Una noche de verano, durante la presentación de uno de los números de la revista, Idea conoció según sus palabras a “un seductor muy inteligente”, al hombre excéntrico y mujeriego, presumiblemente tímido y sin demasiada simpatía ni facilidad para las entrevistas, al genio creativo que era Juan Carlos Onetti. Era el año 1950 y con este encuentro comenzaría una confusa historia de amor entre ellos que no cesaría hasta 1974. Una historia de amor de idas y venidas, de desplantes, de una correspondencia que nos deja el testimonio de la misma hasta la muerte de él, un amor de compartir una forma de vivir solo entendida por ellos, de palabras incomprensibles, de “morir sin aprender a hablarse”, incluso de amenazas, insultos y sumisión. Un amor marcado por la indecisión de Onetti y el sufrimiento de Idea, ella era la mujer de la sonrisa giocondina y él y lo que había en el fondo de sí mismo, la séptima maravilla.

Pocos años después, con esa relación ya iniciada, los artistas se dedicarían dos de sus obras, Los adioses (1954) y Los poemas de amor (1957). Nunca sabremos ciertamente si todos los poemas relacionados con el amor que escribió Idea tendrían un único destinatario pero para ella Onetti fue “el útlimo hombre del que no debió enamorarse”, y era terriblemente cierto. Cuando Idea recibió como regalo una de sus novelas, esta contenía una dedicatoria escrita a mano por Onetti que decía “no habría ninguna igual y tuyas son las mejores horas que viví”. Pero no fue suficiente para compartir una vida y un proyecto.

En 1955, el escritor contrajo matrimonio con Dorothea Muhr sin cesar nunca sus encuentros, sus cartas y su historia con Idea.

Cerrada noche humana (1955)

Aquí estoy entregada en
la oscura humana noche
sin nadie más
sin nadie
ni esperanza de nada
en la vacía negra sola
cerrada noche
sin nadie
sin un voto ni una razón ni un pero.
La sombra entera ciega
limita indiferente
mi soledad mi vida
pura
de nadie
absorta
en su propio callado desapegado abismo
hundida en el silencio
alcanzando la plena
cerrada noche humana
sin nada sin argollas
sin cielo sin sonrisas
sin amor sin belleza
donde está donde es
donde dura se queda
ensimismada
sola
vacía
en paz
de nadie.

Idea también compuso canciones, escribió ensayos y fue una sublime traductora de William Shakespeare, además trabajó como profesora de Literatura de enseñanza secundaria desde 1952 hasta el golpe de Estado que implantó la dictadura en Uruguay en 1973. No hay que olvidar su militancia activa en la política y en los sindicatos y su esperanza con la revolución cubana hasta el mismo día de su muerte. En la década de los sesenta, la temática de su obra da un giro político muy importante que la hizo desvincularse en muchos ámbitos de su trayectoria anterior. M. Teresa Johansson es una doctora en Literatura Hispanoamericana por la Universidad de Chile la cual investigó esta etapa de su escritura, su trabajo se titula Los sesenta de Idea Vilariño: poesía, política y canción (2014).

En 1996, se publica el libro Pobre Mundo, una recopilación de poemas y emblemas revolucionarios. El libro es la expresión de la poesía política en mayúsculas, un acercamiento a los ideales de la poeta, la posibilidad de conocerla aún mejor a través de sus presupuestos ideológicos. En estos años, Idea rechaza la continuidad en la revista Número, Benedetti reveló que Idea “había obliterado su participación directriz en una revista que se negaba a politizarse”. Por otra parte, también deja de colaborar en otras publicaciones como la revista Marcha a favor de la reivindicación de género.

A Guatemala (1954)

Estabas en tu casa
eras una muchacha
moderna joven pura
arreglándote el pelo.
Eras para nosotros
los sudamericanos
vegetantes y muertos
la hermana que se lanza a la vida
la valiente
la de nuevo destino.
Y viéndote reír
las otras
las hermanas marchitas y sin sueños
se miraban en ti
cobraban fuerzas
y volvían a muertos ideales.
Pero no podía ser
y todos los sabían.
Te siguieron de noche
te empujaron a un viejo
callejón sin salida
te golpearon la boca
te ataron y encerraron
qué digo
no te ataron
te tienen de sirvienta
sí señor sí señor
te pagan bien es claro
y a lavar pisos y a poner la mesa
para que coman otros
y a lustrar los zapatos
y a lustrar los zapatos
como si
siempre en la vida hubieras hecho eso
como si
nunca hubieras tenido otro destino
como si
no supieran que fuiste una paloma.
Y las pobres hermanas
marchitas y sin sueños
se dicen qué locura eran locuras
eran locuras sí. Nuestro destino
es decir sí señor
lavar los latos
sí señor sí señor
poner la mesa
para que coman otros
sí señor sí señor
zurcir las medias y lavar los platos
sí señor sí señor
sí señor sí señor
y lustrar los zapatos
y lustrar los zapatos

A Guatemala es su primer poema verdaderamente político y aunque se escribió previamente al inicio de esta etapa política marcada en la década de los sesenta, en la recopilación se incluye dentro de la misma. Corría agosto de 1961 y tras visitar Punta del Este, Ernesto Che Guevara –como Ministro de Industria cubano- llegó a Montevideo para dar una conferencia en la Universidad. Idea y Onetti estaban juntos en uno de sus encuentros. En aquellos días, en la ciudad se respiraba fervor político y esperanza por lo que simbolizaba la revolución cubana, también se sucedían enfrentamientos entre la izquierda y otras agrupaciones de derecha y extrema derecha. Tras el discurso del Che, una bala dirigida a él falló en su trayectoria e hirió de muerte al profesor universitario Arbelio Ramírez. Idea, en plenos días de amor y encierro con Onetti se preparó para ir a una Asamblea con el resto de representantes universitarios de la izquierda y Onetti intentó impedir su marcha. “Si te vas, no me ves más”, cuando regresó se encontró con una furiosa nota escrita por él y algunas de las hojas de poemas rotas y esparcidas por la habitación.

POR FIN (1979)
A
Nicaragua

Di un puñetazo
dos
en la pared.
No pude respirar por un momento.
Dije una palabrota.
Dije otra.
Y al fin enmudecí
y al fin me quedé inmóvil contra un marco
tratando de vivir
de respirar
y me dije
por fin
dios
sucedió
por fin
hoy
diecinueve
del mes de julio del setenta y nueve.

Tras una dictadura que duró doce años y la apartó de la docencia, en el año 1985, Idea obtiene la cátedra en Literatura Uruguaya en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad de la República. La periodista María Esther Gilio, la editora Alicia Torres y la crítica Ana Inés Larre Borges fueron las personas que mejor testimonio han dejado de la vida personal de Idea Vilariño a través de las entrevistas, los encuentros con la escritora, la publicación de su Diario de Juventud (2013) y la recopilación de su antología poética. Al contrario que otros escritores opuestos al régimen, Idea nunca abandonó su país y sobrevivió traduciendo obras teatrales que se representarían en Uruguay gracias a su trabajo. El conjunto de textos que tenemos en la actualidad de Idea, hacen posible acercarnos al sentir y a la personalidad misteriosa, profunda y compleja de la artista. El propio Onetti afirmó que “las palabras son más poderosas que los hechos”, para Idea las palabras fueron su salvación, la alejaron del suicidio en varios momentos de su vida, durante los episodios de enfermedad que enturbiaron su juventud, durante las épocas de desaliento y desamor. Sin embargo, no era una mujer alejada del impulso y la decisión, una vez Onetti se fue para casarse, otros días regresaba, nunca fue capaz de reconocer su reciprocidad sentimental, ella abandonaba todo por él, y su último beso lo presenciaron las paredes del hospital donde Onetti pasaba su enfermedad, “querida Vilariñita”, “querido Ingrato”.

Carta III (Octubre 1959 – febrero 1960)

Querido
no te olvides
de que te espero siempre
cada noche te espero
estoy aquí
no duermo
no hago nada sino eso
te espero
te espero.
Da la una.
Cierro entonces la puerta
el amor/ la esperanza
y en la sombra
en la noche
con los ojos desiertos
miro sin ver
sin quejas
sin pena
la pared.
Duramente la miro
hasta que viene el sueño.

Ya han pasado ocho años desde la muerte de Idea Vilariño. Hace alguno menos que descubrí sus poemas y en muchas ocasiones escucho letras de canciones que ella escribió y no se reconoce su autoría como merece. Idea fue amor, pasión, drama, revolución, cultura, feminismo, genio, talento. Idea fue como nadie y como todas, Idea sintió y nos dejó su vida plasmada en sus líneas. No voy a terminar este pequeño recorrido sin recordar su voz quebrada recitando “Ya no”, con su tono apacible, casi en susurro pero con una firmeza reveladora. Un poema que me sugirió tanto, y que me provocó tanta emotividad que me hizo querer leer –y saber- más y más de esta figura, de Idea como artista y como mujer.

Ya no (1958)

Ya no será
ya no
no viviré contigo
no criaré a tu hijo
no coseré tu ropa
no te tendré de noche
no te besaré al irme
nunca sabrás quién fui
por qué me amaron otros.
No llegaré a saber por qué ni cómo nunca
ni si era de verdad
lo que dijiste que era
ni quién fuiste
ni qué fui para ti
ni cómo hubiera sido
vivir juntos
querernos
esperarnos
estar.
Ya no soy más que yo
para siempre y tú
ya
no serás para mí
más que tú. Ya no estás
en un día futuro
no sabré dónde vives
con quién
ni si te acuerdas.
No me abrazarás nunca
como esa noche
nunca.
No volveré a tocarte.
No te veré morir


Laura

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