Solo sitio

Panorámica del Ponte Vecchio desde el oeste, By Jan Drewes – Own work, CC BY-SA 4.0


Pelayo Puente Márquez

Una vez escribí que me moría y fue grandioso, pero no he venido a hablar de eso.

Hace cuatro años y unos meses, estuve en un solo sitio. Parece un lugar común, seguramente decirlo sea decir nada; aun así, no recuerdo haber vuelto a estar en un solo sitio desde entonces. Siempre creo estar volando a otros lugares. Sobre mis ojos se suspende la sombra de pensamientos que, hacia atrás o hacia adelante, me conducen lejos de mí, en pos de otros acasos futuribles que —a buen seguro— no voy a conocer.

El sitio único y constante en el que estuve en ese tiempo fue un puente viejo que se construiría con mayúsculas si lo nombrase en italiano y que se alza sobre el Arno como se eleva el bostezo de alguien que está a punto de dormirse. Yo estaba sentado en uno de sus muros y miraba atrás por encima del hombro. Abajo, en el agua, una barca navegaba y abandonaba la sombra del puente y rozaba la luz del sol. ¡Qué niño era yo entonces!

Un hombre forzudo, con camisa de flores y deltoides tatuado, conducía el bote con una pértiga. La hundía en el río para hincarla en su lecho enlodado y era hipnótico ver la madera emerger brillante, dejando su estela sobre el agua. Uno de los pasajeros se giró cámara en mano y fotografió el puente. Recuerdo cómo el objetivo de la cámara se desprendió y cayó al agua con un sonoro chapoteo, pero es muy probable que eso no ocurriese en realidad y que solo lo recuerde ahora porque lo imaginé en aquel momento.

La barca se alejó lentamente y yo miré adelante. Una calzada de piedra guarnecida por joyerías recorría el puente. Unos músicos callejeros tocaban Somewhere over the rainbow en la acera. Un grupo de adolescentes —de viaje de fin de curso—, sentados en el bordillo, aplaudían y vitoreaban al cantante. Me acompañaban dos amigos: juntos estábamos haciendo un Interrail y Florencia era nuestra penúltima parada. Era el verano anterior a la universidad y los tres éramos imberbes, vírgenes y felizmente idiotas.

Esa noche habíamos dormido en un Bed&Breakfast, en la esquina del Borgo San Lorenzo con el Duomo, regentado por dos hermanos: Sabino y una mujer con la que nunca hablé, pero que siempre me sonreía. Sabino era un hombre tan agradable como inquietante. Conversé con él durante el desayuno —mis compañeros tardaron en despertarse—. Huelga decir que aquel era mi primer viaje como adulto, es decir, sin mis padres ni otra autoridad análoga; estaba a mi suerte. La charla con Sabino, escucharle y sentirme escuchado, me hizo reflexionar y cobrar conciencia de mi madurez y de mi independencia. Hoy, años más tarde, viajar y saborear esa libertad constituye un placer familiar, pero hasta entonces me había sido desconocido. En el acto supe que siempre me haría feliz.

Al caer la tarde, con una porción de pizza endiablada goteando grasa y queso fundido en la mano, llegamos al Ponte Vecchio. Caminábamos conducidos por la muchedumbre, meciéndonos como la barca que, flotante, se deslizaba sinuosa. Éramos sabedores del tiempo sobrante que no queríamos ver transcurrir. Éramos las moscas suicidas atrapadas en la telaraña voluntariamente, y la noche se cernía cual tarántula compasiva, que solo se acerca a su cena para poderla besar.

Nos sentamos en el muro que hacía de baranda y hablamos, compartimos anécdotas y ocurrencias y burlas mientras yo miraba ora al río, ora a los músicos. Seguimos allí durante tanto tiempo que nadie habría dicho que estábamos de paso; tal vez no lo estuviéramos. Ha quedado un poco de mí —suma de tantos— en todos los lugares que hoy recuerdo con alegría y tristeza menguante, y yo sigo en todos ellos. Pero Florencia importa; importan todas sus veces. Estuve allí, solo allí, por un momento. Estar en un sitio y en ningún otro es ser feliz, aunque la felicidad perdure un momento. A nada superior podemos aspirar: lo que es una vez plenamente, siempre lo sigue siendo.


PelayoRedactor

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.