La fiesta continúa

En colaboración con Argo.

Les Bouquinistes

Hay un París de lluvia, luz y piedra y otro París de tinta y hojas de papel. Hay, del mismo modo, parisinos de pies y parisinos de ojos. Los unos caminan cada día por sus bulevares, los otros viajan allí de vez en cuando a través de las letras y el spleen de los primeros. Los más afortunados han estado allí de las dos formas: París los condujo a la lectura, la lectura a la extranjería o París a su propio sueño. Para ellos París era una fiesta y lo sigue siendo. Todos estos mundos, aristas deshilvanadas, se juntan en los buquinistas de París, en las esquinas de los paseos del río.

Nacionales o extranjeros, en las librerías somos todos turistas, viajeros de parajes rastreros que buscan acomodo en hogares diferentes. ¿Qué mejor sitio que allí, a la orilla del Sena, frente a los cajones de los buquinistas de París? Mirad a los chicos de la foto, vestidos a la moda, mirando con desinterés. A los tontos como yo nos ilusiona pensar que Hemingway o Baudelaire alargaron sus paseos suspendidos delante de los mismos libros en los arcones de ayer, de otros buquinistas iguales a los de ahora.

Satanás los guarde a ellos, a los buquinistas, las estrellas de los libreros de lance, los obeliscos menos famosos de la ciudad, el monumento más universal de las calles de París.


 

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