Champ-de-Sibérie

Tour Eiffel 2

Vas a la panadería a comprar una libra de pan, y esperas mientras la chica corta una libra para otro cliente. Es torpe, y corta más de la cuenta. «Pardon, monsieur —se excusa—, no le importará pagar dos sous de más, ¿verdad?». La libra de pan cuesta un franco, y solo tienes uno. Cuando piensas que podría hacerte pagar dos sous de más y que tendrías que confesar que no puedes permitírtelo, te recorre un escalofrío de pánico. Pasan horas antes de que vuelvas a aventurarte en una panadería.

Vas a la verdulería a gastar un franco en un kilo de patatas, pero una de las monedas es belga y el tendero la rechaza. Sales avergonzado de la tienda y no vuelves a poner los pies allí.

Vagas por un barrio respetable y ves a lo lejos a un amigo a quien le van bien las cosas. Para darle esquinazo te metes en el café más próximo. Una vez allí tienes que consumir alguna cosa, así que gastas tus últimos cincuenta céntimos en un café solo con una mosca flotando en él. Hay cientos de desastres así. Forman parte del proceso de estar sin dinero.

Descubres lo que es tener hambre. Con el pan y la margarina en el estómago, sales a ver escaparates. En todas partes hay montones de comida que te insultan con su derroche, cochinillos, cestas de pan recién hecho, barras amarillas de mantequilla, ristras de salchichas, montañas de patatas, quesos de Gruyère tan grandes como ruedas de molino. Sientes lástima de ti mismo al ver tanta comida. Piensas en coger una barra de pan, salir corriendo y engullirla antes de que te atrapen, pero te contienes por puro miedo.

Descubres el aburrimiento inseparable de la pobreza; los ratos en que no tienes nada que hacer y, muerto de hambre, no puedes pensar en otra cosa. Te pasas medio día tumbado en la cama, sintiéndote como el jeune squelette del poema de Baudelaire. Solo la comida podría animarte. Descubres que cuando te mantienes una semana a base de pan y margarina dejas de ser una persona y te conviertes en un estómago con varios órganos accesorios.

Así —podría seguir describiéndola, pero es todo por el estilo— es la vida con seis francos diarios. En París la llevan miles de personas: artistas y estudiantes sin dinero, prostitutas que atraviesan una mala racha, desempleados de todo tipo. Son, por así decirlo, los suburbios de la pobreza.

 

George Orwell, Sin blanca en París y Londres.

Dome des Invalides

Tour Eiffel 1


 

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