Christopher Nolan: el éxito antes que el arte

Fotograma: Interstellar (2014).


Christopher Nolan es uno de los directores más consagrados en la actualidad tanto por crítica como por público (dos de sus películas se encuentran entre las cincuenta más taquilleras de la Historia). Su cine suele ir más allá de las películas convencionales, explorando la psique humana desde puntos de vista novedosos: el terrorismo en la sociedad (El caballero oscuro, 2008), la venganza como único objetivo en la vida (Memento, 2000) o la supervivencia en situaciones extremas (Dunkerque, 2017). Son, por tanto, películas pretenciosas al igual que su autor, quien ha llegado a afirmar que su cine se encuentra muy influenciado por Terrence Malick. Por ello, la verdadera cuestión es ¿cumplen dichas películas con su objetivo? La respuesta es: a medias.

Para empezar, Nolan sigue el mismo esquema narrativo en todas sus películas:

  1. Nos introduce en un mundo desconocido para el espectador con el objetivo de generar intriga (el mundo de los sueños en Origen; el futuro en Interstellar; los recuerdos en Memento).
  2. Aparece el personaje principal o coprotagonista, el cual es tan ajeno a dicho mundo como lo es el público (Ellen Page en Origen; el recluta joven en Dunkerque; la conversación telefónica en Memento).
  3. Plantea el conflicto de la película, el cual afectará a los objetivos e ideologías de sus personajes y servirá como metáfora de un aspecto de la sociedad actual (terrorismo, venganza, etc. Ya comentados anteriormente).
  4. Resolución del conflicto y discurso “reflexivo” (entre comillas porque básicamente te dice cómo tienes que pensar y qué conclusiones obtener de lo que has visto, aunque este punto lo desarrollaremos más adelante).

Dicha narrativa no es mala per se. La introducción genera interés en el espectador, captando la atención para la audiencia durante el resto de la trama; el personaje principal sirve de punto de conexión entre ésta y el mundo de la película, utilizándolo el narrador para explicar el desarrollo de la película cómo y cuándo quiera. El problema de esta fórmula es que es la más básica y simple a la hora de contar una historia. Ha sido explotada hasta la saciedad, abandonando, por tanto, cualquier innovación narrativa en unos mundos que fácilmente se prestan a ello al ser, en su mayoría, ficción. Así, simplemente se puede pensar en cualquier éxito de acción/fantasía a lo largo de la Historia para observar que siguen el mismo procedimiento: el joven inexperto y ajeno a las verdades del mundo que podría ser cualquier espectador medio (Frodo/Neo/Luke Skywalker/ Harry Potter) que se ve envuelto en un conflicto más allá de su comprensión (Batalla por la Tierra Media / Guerra en Matrix / Guerra contra el Imperio / Mundo de la magia y Voldemort) y que inicia un viaje para resolverlo a la vez que descubre sus entresijos y que lo cambiará para siempre. Esto es lo que, tradicionalmente, se conoce como “The Path of the Hero” o “El Camino del Héroe” y ha sido criticado duramente por numerosos autores debido a su previsión y simplicidad. Por el contrario, muchos de sus defensores han utilizado la clásica excusa de “lo importante no es lo que se cuenta sino cómo se cuenta”, aspecto que el director cumple de forma mediocre y que lo relaciona con el siguiente punto: Nolan no sabe cómo contar una historia.

Quizás este aspecto ha sido el más criticado a Christopher Nolan a lo largo de toda su carrera. El director abusa de lo que se conoce como “info-dumping” todo lo que puede y más. El término, para los que no estéis relacionados con él, hace referencia a la técnica mediante la cual el narrador siente que tiene que proporcionar al espectador/lector información relativa a su mundo o personajes y lo hace de cualquier manera, restando realidad a la obra. Así estas situaciones varían en diferentes grados, desde un texto en pantalla que sitúa la acción (como ocurre en Dunkerque) a diálogos en los que el director establece que es importante que el espectador conozca cómo se siente cierto personaje (por ejemplo, discusiones acaloradas entre dos personajes protagonistas en las que ambos se dicen cómo se siente el otro, cual graduados en psicología). El problema es que la mayoría de estas situaciones se notan forzadas y fuera de contexto, dándose situaciones improbables en la vida real (por ejemplo, en el contexto de Origen, ¿quién se va a poner a contar, durante una infiltración espía, su pasado traumático con su difunta esposa a un nuevo miembro de la banda que conoce de hace apenas una hora?) y Nolan abusa de ellas. Prácticamente no pueden pasar más de quince minutos de metraje sin que se detenga a explicar algo en cada una de sus películas. El caso más sonado puede ser Interstellar, pero ocurre en todas sus películas (en El caballero oscuro literalmente su estructura se basa en: escena de acción, el Joker explica cosas, escena de acción, el Joker explica cosas y así sucesivamente).

Sin embargo, en este sentido, lo que probablemente más me moleste de Nolan es que se le ve un director capaz de hacer más. Los diez primeros minutos de Origen narran perfectamente el funcionamiento de los sueños sin explicación alguna y en Dunkerque se entiende sin problema la situación de la película con la siguiente imagen:

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Pero Nolan tiene miedo de que los espectadores no entiendan que una película que se llama Dunkerque sobre la Segunda Guerra Mundial transcurra en Francia, lugar que los nazis invadieron, así que tiene que incluir la siguiente toma (y no ha transcurrido ni un minuto de metraje).

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Por último, y por no extenderme más, el punto que más me molesta de toda la filmografía de Nolan es que tiende a dar un falso efectismo y profundidad a todas sus películas con el objetivo de que los espectadores salgan de las salas de cine con la sensación de que acaban de ver algo trascendente, haciéndoles pensar que han visto una película inteligente y la han entendido, como otorgándoles cierta superioridad moral por ver una película cuyo director te ha explicado (como he comentado anteriormente) y, si no te gusta, es que no la has entendido como ellos, que sí saben lo que es buen cine. Este es, probablemente, el punto que más escozores levanta entre los mayores fans del director, que más discusiones ha provocado a lo largo de la red y el más subjetivo.

Me explico: la filmografía de Nolan está plagada de escenas que no aportan absolutamente nada a la trama o los personajes, simplemente están ahí para hablar de temas “filosóficos” como el amor o el miedo, como si un discurso propagandístico se tratara. Existen numerosos ejemplos a lo largo de su carrera (el discurso sobre el amor en Interstellar o muchos monólogos del Joker), pero probablemente el más inútil y que, a la vez, más debates ha provocado es el final de Origen.

Por falso efectismo, por si no ha quedado claro, me refiero a todas aquellas escenas que parece que aportan un aspecto muy importante para la trama, pero en realidad sólo la enredan inútilmente. ¿Cómo se detectan esta clase de escenas? La respuesta es sencilla, sólo hay que preguntarse ¿si la escena no ocurre, la película sigue teniendo sentido? Y el final de Origen es el perfecto ejemplo de escena inútil: la peonza que gira y hace dudar sobre si Leonardo DiCaprio está en un sueño o no. ¿Aporta esto algo a la trama? No ¿Si la escena no ocurre, toda la película queda cerrada? Sí. ¿Cuál es el sentido, entonces? Que el espectador tenga la sensación de que ha visto algo inteligente, que le plantea un acertijo y le “reta” a que lo resuelva. Sin embargo, dicho efectismo se vuelve irrisorio, un meme, cuando te das cuenta de que puedes aplicarlo a cualquier película con los mismos resultados: Michael Corleone ha conseguido vengarse del resto de sus enemigos y ocupa el puesto de Don de la familia al final del Padrino. De repente, hace girar su pistola sobre la mesa y esta no cesa su giro ¿y si todo era un sueño?; la Bella y la Bestia bailan alegres tras haber triunfado el amor y haber derrotado a Gastón. De repente, Bella hace girar una peonza sobre la pista de baile ¿y si todo era un sueño? Incluso se puede aplicar a todas las películas del propio Nolan: Batman huye de la policía tras haber derrotado al Joker y Dos Caras al final del Caballero Oscuro. Al llegar a su mansión, tira al aire la moneda de Dos Caras y esta no cesa en su giro ¿y si el Joker lo envenenó y está viviendo un sueño?

En definitiva, Nolan es un director que dista mucho de la excelencia que algunos afirman. Sus películas poseen importantes carencias narrativas y parece que no aprende con el paso del tiempo. Sin embargo, desde sus inicios, sí ha demostrado que sabe cómo hacerlo, que posee más talento del que muestra. Por ello, bajo mi punto de vista, Nolan entiende cómo hacer buen cine y dispone de los medios para ello, pero se subordina a la audiencia, a la popularidad y al estrellato de Hollywood, temiendo que una obra más profunda y reflexiva pueda alejarlo de sus éxitos de taquilla al alcanzar a un público más experto pero minoritario. Por tanto, sólo nos queda reflexionar sobre si es nuestro deber como espectadores exigir una mayor calidad en sus productos y arriesgarnos a un fracaso, o contentarnos con lo que tenemos. Personalmente, creo que Nolan apostaría por lo primero, lo cual supondría que ha decidido anteponer definitivamente el éxito al arte, el tiempo (y sus próximas películas) dirá.

Aunque ya lo dijo él, “o mueres como un héroe o vives lo suficiente para convertirte en villano”.