El cielo en su piel

Fotograma: Blue Valentine (2010)


Ahora que suena ‘Fariña’ por todas partes y se ha convertido en objeto de culto y pleitesía , voy a contarles una historia que tiene algo que ver.

Todo ocurrió un septiembre de hace unos años. Piel morena, mujeres de cabellos claros, ojos brillantes y sonrisas perfectas poblaban Oviedo. Septiembre es el mejor mes para enamorarse. Era un 20 de septiembre, martes, víspera de San Mateo. La ciudad en fiestas, todos los días fin de semana: un reto, una pasión.

Como cada mañana, bien temprano y resacoso, fui a por la prensa. Tengo la manía de escudriñar los periódicos tras escuchar un rato la radio. Me gusta el de Alsina, y cuando éste acaba su monólogo pongo a Federico; a veces empiezo por Pepa y otras por Herrera. No siempre sigo el mismo orden, depende de mi estado de ánimo. Y dependo de que mis quehaceres me lo permitan, si no, tiro de podcast como todo el mundo. En el País, en cultura, Jabois hacía una reseña de Fariña, ‘Los narcos son las personas más honradas del mundo’, éste era el título del artículo —léanlo, es maravilloso—. Leo todo lo de Jabois con una devoción ciega, y eso que es del Madrid: nadie es perfecto. Ya había leído ‘Fariña’ para cuando salió la reseña, pero leer ese artículo era algo importante para mí en ese momento. Tan importante que lo recorté y guardé para leer con tranquilidad. El reloj nunca se para, y el día siguió: el artículo sobre la mesa de la biblioteca.

Eran las seis o las siete, el crepúsculo se acercaba. Quedé en tomar algo con una de esas chicas de cabellos rubios y rojizos, ojos azul mar de Tulum, el cielo en su piel y el paraíso su boca. Fuimos al Jamón, pedimos dos Mahous, cogí El País y nos sentamos en el muro de la Universidad. Empecé a leer el texto de Jabois en voz alta, para los dos. El día que moría, la noche que empezaba, su compañía y el alcohol. Mi cabeza hizo un pantallazo en ese instante, esos pequeños instantes de felicidad.

Hace unos días, rebusqué entre mis recortes de prensa y encontré el artículo. En verdad, me sumergí en el caos de vestigios y recuerdos para buscarlo. Necesitaba leerlo en papel, tocarlo. Volví a él como el que vuelve al lugar al que fue feliz, pero ella ya no está. Una lágrima recorrió mi nariz y agujereó el papel, lo doblé y guardé de nuevo. La nostalgia es ese peligroso y necesario animal mitológico que unas veces ataca y otras regala. Nada más que la vida.