Luis Alberto de Cuenca: «No hay fronteras entre la cultura popular y la cultura de altura»

Fotografías: Óscar Beovide Guillén


«Imagínate que me responde», le decía a mi pareja cuando definitivamente me decidí a contactar con Luis Alberto de Cuenca. Y eso fue precisamente lo que ocurrió. Unas semanas más tarde estaba sentado a su lado en el hall del Hotel de la Reconquista, conversando con quien, junto con Ernest Hemingway, me había cambiado la forma de ver el mundo.

Fue la mañana del día 23 de mayo, aprovechando la estancia de Luis Alberto como miembro del jurado del Premio Princesa de Asturias de las Letras. Quedamos a las diez menos cuarto, y yo me adelanté, como era de esperar. Él también llegó temprano. Había hablado un par de veces con él, pero cuando entré al gran salón me encontré con un abrazo del hombre que tanto tiempo llevaba admirando. Queridos lectores, les aseguro que, tras la fachada de romano que llegó a la cima del Cursus Honorum, descubrí a la persona que hay más allá del Poeta, del Cowboy.

Luis Alberto de Cuenca, ¿quién es ese poeta de línea clara?

La verdad es que es muy difícil conocerse a sí mismo. Lo único que tienes para conocerte son las pistas que te van dando los demás. Pero en cualquier caso es un señor que se apasionó por la poesía muy jovencito, que ha leído mucha poesía, clásica especialmente, no solo grecorromana sino también los clásicos españoles, que de alguna manera se le ha pegado algo de sus maestros. Y que, finalmente, ha intentado una vía personal a la expresión poética, que siempre es complicada.

Es difícil conocerse a uno mismo. ¿Crees que la lectura nos ayuda a conocernos mejor?

La lectura es la actividad intelectual más brillante y más importante que se puede llevar a cabo en este mundo, mucho más que la escritura. Lo que pasa es que alguien tiene que escribir antes para que podamos leer, claro. [Ríe]. En cualquier caso, yo soy un gran lector, un ávido lector, un enfermo de la lectura.

¿Entonces te consideras lector antes que escritor?

Siempre. Ya mi maestro Borges, que decía que otros se enorgulleciesen de lo que han escrito, que él prefería enorgullecerse de lo que ha leído. Eso es muy importante porque nos ha marcado una senda de todas las lecturas que sus lectores hemos hecho gracias a él.

Otros presumen de los lomos de los libros que nunca han leído…

[Sonríe].

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Permíteme, Luis Alberto, una anécdota personal. Hace algún tiempo le leí tu poema “Political Incorrectness”, que después musicó Gabriel Sopeña y cantó Loquillo, a una –por aquel entonces– amiga y he de confesarte que se enfadó conmigo muchísimo, incluso me llamó de todo. Te aseguro que ninguna cosa bonita.

No solo tu amiga, mucha gente se ha metido con el Loco y conmigo por ese poema. Lo cual me parece muy bien porque creo que eso también les da popularidad a los poemas ¿no? Se conocen más, quiero decir, por las arremetidas que dan. Yo no sigo las redes, soy muy antiguo en ese sentido, pero me han comentado que tuvo bastante impacto.

¿Existe la dictadura de lo políticamente correcto?

Completamente, ahora cada vez hay más corrección política. Eso significa que hay otro tipo de totalitaritarismo, de dictadura, que supone que se pueden decir unas cosas y otras no. De modo que hay una censura terrible, previa a lo que vayamos a decir en cada momento. Yo creo que eso no es bueno.

¿Y cómo puede afectar esto a la creación artística, literaria, por ejemplo?

Pues a la creación artística poco, en el sentido de que uno sigue escribiendo lo que le da la gana y exponiéndose después a la crítica de las redes o las manifestaciones de los internautas.

Aprovecho para preguntarte, ¿cómo ves el mundo digital?

Fenomenal. Lo veo muy bien para el que le guste y para el que le interese. Yo, la verdad, es que soy incapaz de verme en ese mundo de Facebook o de Twitter. Pero ten en cuenta que ahora hasta el mayor imperio del mundo, el norteamericano, se gobierna a golpe de tweet.


«Cuando nos quitamos una máscara, aparece otra debajo. El mundo está hecho de máscaras»


De tu escritura resulta una poesía joven. Cualquiera que te haya leído lo sabe. ¿Es la escritura fuente de juventud?

Algo parecido, en el sentido de que el único bálsamo que tenemos para curar las heridas del tiempo y de la vida es, para los que nos gusta leer, la lectura y la literatura; y en ese sentido sí puede considerarse como una especie de elixir que nos hace jóvenes mientras podamos leer y entender lo que leemos. No te olvides de que hay muchas enfermedades que lo que hacen es arruinar a la gente antes de morir, y eso es terrible… y lo que más tememos algunos.

Y también una poesía llena de contrastes. Lo cotidiano combinado con lo libresco. Incluso en tu vida, donde en tu biblioteca podemos encontrar el cóctel de las mejores primeras ediciones con Leia Organa encadenada en el palacio de Jabba el Hutt. ¿Es muestra esto de ese puer aeternus?

La figura del puer aeternus siempre me ha fascinado y, además, no creo que haya que hacer mucho esfuerzo para convertirse en ello. Muchos nacemos con ese cromosoma, con esa configuración genética de eternamente jóvenes. De todas maneras, eso también entraña lo que siempre he defendido de que no hay fronteras entre la cultura popular y la cultura de altura, o gran cultura. Todo es lo mismo. En el fondo el Romancero y Shakespeare son fenómenos literarios que se dan la mano. Lo colectivo y lo individual anda muy mezclado en mi cerebro.

Esta unidad de la cultura, el considerar todo como fenómeno cultural. ¿Se ha visto reflejado en la variedad de actividades que has desarrollado a lo largo de tu vida? Pienso en tu etapa como letrista de la Orquesta Mondragón o incluso ahora ser miembro de los Cowboys.

Yo creo que es muestra de que somos personas con mil caras diferentes, que somos uno y muchos a la vez. Decía también Borges: “Yo, que tantos hombres he sido, no he sido nunca aquel en cuyo abrazo desfallecía Matilde Urbach.” Un poema de amor maravilloso. Quiere decir que al ser tantas personas a lo largo de nuestra vida, intentamos buscar una salida para cada uno de esos perfiles y ¡ay de aquellos que prefieren mantenerse en una sola máscara…! Acaban aburriéndose mucho los que se mantienen siempre con el mismo rostro.

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¿Sirve la poesía de máscara?

Todo sirve de máscara. En el fondo, cuando nos quitamos una máscara aparece otra debajo. Eso no significa que seamos insinceros o que seamos menos auténticos. El mundo está hecho de máscaras.

¿Por qué ponerse la máscara? Hemingway decía que uno tiene que escribir sobre lo que realmente conoce. Cuando lees, por ejemplo, Fiesta, te das cuenta de que en esos momentos que describe la carnada y la plomada verdaderamente sabía de pesca.

Sabía… sí que sabía. Lo que pasa es que Hemingway era muy particular. Se puede decir también lo contrario, por ejemplo, Emilio Salgari jamás salió de Génova y sin embargo habla de aventuras en el Mar de la China y en el Mar de Malasia. Yo creo que no necesariamente se tiene que hablar de lo que uno ha vivido. En el caso de Hemingway funcionó bien, pero en otros casos los viajes se pueden hacer con la imaginación y con la fantasía.


«Merece la pena abrir todas las puertas, incluso a riesgo de encontrar el horror»


Estoy muy de acuerdo con eso. En septiembre, tras el verano, cuando me preguntan por los lugares que he visitado yo suelo responder que allí donde los libros me han llevado.

He estado bajo el mar con el Capitán Nemo, ¿no? Los mejores viajes que se pueden hacer son los que se hacen con la mente, sin la menor duda.

Traigo conmigo el poemario Abre todas las puertas. Me gustaría que me explicases cómo se pueden abrir todas las puertas.

Pues simplemente aceptando que hay muchas puertas y que dentro de ellas hay cosas que apetece conocer. La curiosidad es la que abre todas las puertas. La curiosidad es la que en Barba Azul condena, por ejemplo, a su mujer cuando, habiéndole dicho que jamás debe abrir una de las puertas y no dándole la llave, ella se hace con una y la abre. Viendo a las anteriores mujeres de su marido degolladas dentro. Yo creo que merece la pena incluso encontrarse con el horror, pero abrir siempre todas las puertas. Eso significa que no renuncias a la sabiduría, al conocer, al seguir en la aventura de vivir cosas nuevas, de experimentarlas. Soy, en ese sentido, un enamorado de la curiosidad.

Precisamente Borges decía que es la puerta la que decide, no el hombre.

Lo dice en Elogio de la sombra. Yo siempre lo digo cuando me preguntan por qué estuve en política unos años, pues porque me eligió la puerta.

¿Cómo es la experiencia en política?

Una experiencia verdaderamente interesante. Ahora estoy en el patronato de la Biblioteca Nacional. Yo creo que en política también se aprende y, de algún modo, es una experiencia importante en tu vida que te permite conocer más el corazón del hombre.

No está valorada.

Hombre, la verdad es que se han empeñado los políticos en que no lo esté. Quiero decir que ha habido demasiada corrupción en España últimamente, no es que no la haya habido en otras épocas, pues es inherente a la condición humana, pero la verdad es que ahora se están pasando bastante.

Un buen amigo, bastante desapegado de lo material y editor de esta publicación, me preguntaba estos días “¿por qué la bibliofilia?” Tú, que compartes esta dolencia, ¿qué razones le darías?

Eso no se elige. Otra puerta. Yo creo que nacemos con los genes necesarios para constituirse en esa selva cromosómica según la cual tienes que interesarte por los libros. Otros se interesan por los cuadros o por el arte, o por coleccionar música, otros no coleccionan nada. Cada ser humano es diferente desde la infancia. Recuerdo haber recorrido con pasión la biblioteca paterna desde que era muy niño y me fascinaba mirar los libros, conocer sus fechas, saber cuándo habían sido publicados, si llevaban prólogo o no, saber si el índice al principio o al final… todo eso me interesa muchísimo.

Dices que los países en los que el coleccionismo tiene más importancia…

Son países más desarrollados cultural e intelectualmente, sin la menor duda. El coleccionismo es una muestra de superioridad espiritual.

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Este otro poemario, Su nombre era el de todas las mujeres, es el más especial para mí porque es el primero que tuve. ¿De dónde sale el título?

Lara Cantizani¹ hizo una tarea estupenda en ese poemario. El título viene de un poema mío de El hacha y la rosa, y en él de la sección Álbum de recortes que de algún modo hace una especie de recorrido por mi primera vida sentimental, las primeras experiencias sentimentales. Una de ellas fue con una mujer a la que quise muchísimo. Y de algún modo, querer a alguien tanto supone que el nombre de ese alguien sea el nombre de todas las mujeres. Borges también lo dijo magistralmente en un verso: “Una sola mujer es mi cuidado / igual a las demás / pero que es ella”. El amor es eso.

“Noche de ronda”, mi poema favorito, tiene un final inesperado que me recuerda a los del mismísimo Julio Cortázar. Pienso, por ejemplo, en “Las manos que crecen”.

“Noche de ronda” es un poema divertidísimo, hay mucho cachondeo, incluso sarcasmo. “Buscarse a una sorda / para que nada falte”. [Recita]. Yo creo que el poeta se parece al narrador breve, y viceversa, en cuanto a la estructura del producto que fabrica. Este producto tiene que conducir siempre a un final inesperado, a un final glorioso. Me obsesiona mucho. Eso lo aprendí en el epigrama helenístico y latino, siempre había una sorpresa final. Todo conduce a un verso final que realmente no te esperabas pero que, de alguna manera, dialogaba perfectamente con el resto del poema. No es que fuera una cosa gratuita, era una pieza bien ensamblada. Yo creo que eso se da mucho en mi poesía, esos finales sorpresivos y felices.

Fíjate qué bien nos viene estar hablando de esta necesaria sorpresa final para concluir con esta charla, porque te traigo este pequeño Capitán Haddock para que completes la colección tintinófila de tu biblioteca, que aúna alta y baja cultura.

Mi padre siempre decía que una sorpresa era una monja detenida. [Ríe]. Muchísimas gracias, Nacho. Tengo un Tintín y un Milú de la misma pasta y tamaño, entonces lo voy a poner a su lado para completar el equipo. El Capitán Haddock es formidable, extraordinario, un gruñón inefable y, además, entre mis álbumes favorito están El Secreto del Unicornio y El Tesoro de Rackham el Rojo.

¿Viste El Secreto del Unicornio de Spielberg?

Y me gustó. El espíritu tintiniano está perfectamente captado y preservado por él. Lo que ocurre es que esa es una película de Hergé, pero con ritmo de superhéroes de Marvel, lo cual no está nada mal porque a mí me gustan mucho los superhéroes también. Aunque el ritmo de Hergé es mucho más sosegado, por muchas cosas que pasen narratológicamente es más tranquilo.

Hablando de Marvel, ¿qué te parece la última de Los Vengadores?

La recomendé en Cowboys. El guion es muy bueno y hay mucho personaje, mucha carnadura de personaje diría. Lo bueno de las últimas versiones de los superhéroes es que se hacen mucho menos simplistas en el sentido de que hay el bien por un lado y el mal por el otro. Ahora está todo un poco mezclado.

Siempre me parecieron más interesantes los villanos.

Hombre, es que son mucho más atractivos. Fernando Savater tiene un libro sobre los malos². Darth Vader, por ejemplo.

El malo por excelencia.

Además, extremadamente freudiano. Piensa que es Dark Father, Padre Oscuro. [Ríe]

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Tras la conversación le explico al Poeta que será el primer protagonista de las que he decidido llamar “Charlas de café”, y que, aunque en esta ocasión no hubo la atmósfera de un bar, en sucesivas intentaré que la haya. Encuentros, por otro lado, sin mayor ambición que albergar comentarios, juicios, divagaciones… que, si alguien tiene a bien, aproveche. Sin más; nos levantamos. Abrazo, foto, despedida, abrazo de nuevo y una emoción que desde aquel día llevo dentro de mí.


¹ Manuel Lara Cantizani (1969). Poeta y profesor.

² Malos y malditos (2004).