V de Vendetta no merece su desastrosa adaptación

El salto de las viñetas a la gran pantalla se encuentra, actualmente, en su época de mayor esplendor. El Universo Cinematográfico de Marvel cuenta en su haber con 4 de las 10 películas más taquilleras de la Historia, la trilogía del Caballero Oscuro de Nolan está considerada como una de las mejores adaptaciones existentes y DC está intentando desarrollar su propio Universo Expandido (aunque con más éxito en la pequeña pantalla que con sus superproducciones). Sin embargo, los cómics y sus personajes han sido adaptados al cine en numerosas ocasiones en el último siglo, si bien es cierto que con más fallos que aciertos.

Dentro de este ámbito, podríamos decir que el autor más perjudicado ha sido Alan Moore. Autor de obras maestras como La Broma Asesina, la aclamada Watchmen o From Hell, es considerado como uno de los mejores guionistas que han existido y sus tomos son un “must read” para cualquier aficionado del sector. Moore es un apasionado de la deconstrucción de personajes y siempre busca la forma de plantear un argumento típico desde un punto de vista no apreciado hasta el momento, invitando con sus obras a reflexionar al lector sobre temas políticos, éticos y filosóficos. Sin embargo, dicha complejidad conlleva problemas a la hora de adaptarse a la gran pantalla y a una duración no superior a los 180 minutos, por lo que los resultados siempre son desastrosos, y V de Vendetta no es la excepción.

En su momento, V de Vendetta recaudó 132 millones en la taquilla global y se situó como una de las películas más vistas del año 2006. Junto con esto, la máscara de Guy Fawkes se ha convertido en todo un símbolo de reivindicación y lucha contra las fuerzas opresoras del capitalismo, fascismo o cualquier moda “opresora” que aparezca por las redes sociales, demostrando lo mucho que se ha pervertido el mensaje de la obra original.

Sin embargo, para entender esta situación adecuadamente, es necesario un poco de contexto. La obra de Moore se escribió en los años 80, surgiendo de los temores del autor ante las afirmaciones de Margaret Thatcher de que la derecha se mantendría en el poder en Reino Unido más allá del siglo XX y las tensiones existentes entre la URSS y Estados Unidos durante la Guerra Fría, así como las consecuencias que todo ello podría tener para aquellas minorías desamparadas durante las épocas de crisis. De esta forma, Moore crea un mundo en el que, a consecuencia de un desastre nuclear, Reino Unido se ha convertido en un régimen fascista, donde prevalece la Nación sobre el individuo y cada parte del Gobierno (representada cada una por un miembro del cuerpo humano) es necesaria para el adecuado mantenimiento y control de la población. En este contexto, se desarrolla una historia coral, en la que se pueden observar los anhelos de poder de la psique humana y las consecuencias de perderlo, el funcionamiento de un Estado fascista y los resultados de la caída secuencial de cada una de sus partes, así como los límites de la venganza.

Por otra parte, la película vio la luz en 2006 en Estados Unidos, en un contexto de inconformismo con el Gobierno estadounidense tras el inicio de la Guerra de Irak en el que cierto sector de la población sentía que las altas esferas anteponían su bienestar económico a los intereses del pueblo. Junto con esto, los por entonces hermanos (ahora hermanas) Wachowski venían de saborear el éxito con la primera entrega de Matrix y conocer los duros golpes de la crítica tras sus dos secuelas. Por ello, necesitaban un nuevo éxito comercial que mantuviera sus carreras a flote en el mundo de Hollywood. En este contexto, y con claras influencias de su historia en Matrix, desarrollan una reciclada historia del bien contra el mal, en la que un héroe incomprendido debe luchar contra un malvado tirano para liberar a su oprimido pueblo a toda costa.

En este sentido, aquí se encuentra uno de los principales problemas de la película. El personaje de V funciona como un Espartaco del siglo XXI: aquel que ha sufrido los peores abusos por parte del Estado, pero que lucha contra este con el objetivo de liberarse a sí mismo y a su pueblo, el cual no le comprende pues está cegado por los engaños del oscuro Gobierno. Además, desarrolla una nada sutil metáfora de que todos somos realmente V y debemos levantarnos y luchar por nuestros derechos y las injusticias. Mensaje que si bien es excelente para copiar en muros de Facebook, flaquea en su contenido en la realidad.

Por otra parte, en el cómic, V es un esquizofrénico con aires de grandeza fruto de los experimentos realizados sobre él en un campo de concentración británico. Debido a esto, su único objetivo es la venganza (con claras referencias al Conde Lucanor a lo largo de toda la obra), pues se considera el único capaz de discernir lo que realmente es justo de lo que no. En este sentido, V utiliza todos los medios disponibles a su alcance para dañar de la peor forma posible a sus enemigos, ya sea a través de torturas físicas o psicológicas y utilizando a cualquier persona que se encuentre en su camino para lograr sus objetivos. Y ahí es donde reside el principal cambio del mensaje. V busca derrocar el sistema no porque le preocupe el pueblo, sino porque este último es la herramienta más útil para acabar con sus enemigos. Para V, la población inglesa no es más que un engranaje más de todo el mecanismo que responde de diferente forma dependiendo de qué botón pulses y cómo lo amoldes. El pueblo no es ni será libre, simplemente se crea una sensación de libertad acompañada de la caída del sistema y la anarquía, pero en realidad están siguiendo las órdenes de V cual ficha de dominó.

La película tiene, además, fallos importantes tanto técnica como argumentalmente, sobre todo derivados de la necesidad de incluir escenas de acción, discursos pseudo-filosóficos y tramas utilizadas para dar un dinamismo innecesario a una historia que se va cociendo poco a poco. Sin embargo, en mi opinión, el fallo más grave pasa porque la película representa una ideología política que intenta inculcar a sus espectadores mediante música, luces y filosofía barata para alcanzar un efímero éxito. Y ya lo advertía Moore en su obra: no es peligroso el líder manipulador, pues no deja de ser un hombre más, sino las intenciones que oculta su mensaje y cómo este se difunde.