Yo acuso

Escribimos hoy sobre el zeitgeist: el carácter que impera en nuestra era, que no es otro que el suicidio colectivo. El estudio de nuestros tiempos es un ejercicio más propio de la escatología general que de la historiografía.

El síndrome de Estocolmo contemporáneo se sustenta sobre los numerosos pilares. Aquí se los explicaremos:

La fascinación por Calibán

El hombre salvaje vivía en armonía y felicidad hasta la llegada de Próspero y Miranda. Su violencia, a ojos del posmoderno, no es intrínseca, sino reactiva. Nosotros, los europeos, somos los responsables de sus penurias y de su ira.

La compasión por los godos del emperador Valente

El limes ha caído y la Pax Romana (Americana) se tambalea. No quedan comitatenses ni limitanei para hacer frente a los saqueadores, pero si una oligarquía dispuesta a agasajarlos. Los traficantes de humanos se cuelgan medallas al altruismo mientras que los biempensantes dan lecciones de humanitarismo desde los vallados recintos del archipiélago Galapagar.

La adopción de dogmas secularizados del protestantismo unitario

Hogaño deístas liberales, hijos de los herejes antinicenos, los posmodernos son  extremistas del subjetivismo. Ya no hay creyentes, pero se mantienen las formas del telepredicador hortera del Brasil. En resumen, reina un moralismo asfixiante, aunque hueco. Las emociones suplantan a los hechos, y por tanto ya no se pretende legislar únicamente sobre los cuerpos sino que se pretende el total control de las mentes. Tal aspiración totalitaria se plasma en los nuevos códigos penales, donde cada vez se persigue más la incitación al odio (hate crimes) que la incitación a la comisión de delitos genéricos.

La creencia en la tabla rasa y en el mito del hombre nuevo

No hay una naturaleza humana; el hombre es maleable. Toda institución social es puramente cultural, sin que medie influjo alguno de la biología. No hay nada que no esté a la merced de los Demiurgos, de los Grandes Timoneles y Arquitectos, de los Padres de las Naciones y de los Jardineros de la Felicidad Humana.

El adanismo y la negación del pecado original (y por extensión, de todo pesimismo antropológico)

Aunque reina el ateísmo, todavía se cree en la llegada del Reino de Dios en la tierra a través de la política; en un fin de la Historia; un año cero.

El fundamentalismo democrático

El ad populum hecho ley. La metafísica del voto y de la volonté generale. El ensalzamiento del sistema que prefirió a Barrabás antes que a Cristo. Esto entronca con un voluntarismo dulzón que tiene sus manifestaciones más notorias en el mr. Wonderful lifestyle: “Cada día es una oportunidad para superarte a ti mismo”, y similares patentes de corso para el coaching. Rigen sobre este principio democrático numerosas excepciones, pues no es admisible para la élites biempensantes que el populacho pueda votar contra Bruselas o contra las cuotas de refugiados.

El irenismo

La enésima influencia herética en el pensamiento vigente, pues ya advertía Chesterton que la actualidad nos vende como ideas nuevas la chatarra de viejas herejías. Como el posmodernismo ha destruido toda verdad por la que luchar y morir, el diálogo y la palabra son entronizados. Mano izquierda con el terrorismo y cualquier subversión de las bases morales de occidente. “Sentarse a dialogar” con el Mal no significa otra cosa que aceptar la igualdad moral con éste. Ahora bien, este principio es de laxa aplicación ante determinados sujetos e ideas, pues la posmodernidad no duda en arrojar a los acantilados del Taigeto a todo aquel que se niegue a operar bajo sus cauces discursivos.

El progreso infinito

Se cree que lo nuevo, el cambio, puede conducir a una continua e imparable transformación del ser humano hacia la perfección. Esto lleva implícito que cada nueva generación será moralmente superior a la anterior (la llamada inducción pesimista), por lo que las mayores barbaridades con válidas con tal de acelerar el curso del progreso y alcanzar el fin de la Historia. El presente sólo es un campo de pruebas para un mañana soñado. Todo está permitido.

El polilogismo

Opresores y oprimidos, señores y esclavos, machos y féminas… cada grupo opera bajo distintos esquemas mentales. La apelación a la lógica es interpretada como pura ideología. Todo es relativo, pero no se permite cuestionar del propio dogma relativista.

El culto a la charlatanería

Ernesto Laclau, Alan Badiou, Edward Said, Judith Butler… y demás patulea adherida al eje Hegel-Freud-Lacan ocupan las tribunas públicas. Personajes incluso más siniestros pueblas los platós bajo la sofística condición de tertulianos. Pero Tertuliano bueno sólo hubo uno: el de Cartago.

El erostratismo, la querulomanía y la sobreactuación

La erosión de la solidaridad orgánica impulsa el histrionismo de los hombres sin atributos.

Novolatría y veterofobia

Roma debe ser destruida, pues la Nerópolis posmoderna ha de erigirse en su lugar. Véase, el progreso infinito.

Máxima profesionalización del agitprop

La ópera magna de la mercadotecnia no será el comercio sino la ideologización de las masas.

Ensalzamiento del feísmo

Todo lo referido a lo gnoseológico se replica al plano de la estética. Acertaba Wittgenstein al afirmar que ética y estética son lo mismo. La negación del absoluto de belleza se traduce en la práctica en el predominio de la obscenidad y el absurdo en las artes plásticas.

 

Todo esto sólo ha sido posible gracias a la anomia, la erosión de la solidaridad orgánica y el anonimato de las masas. Algunos son efectos secundarios de la industrialización, aunque no pocas veces también el objetivo de pérfidos grupúsculos.

La lista no es una lista exhaustiva. Tampoco está cada síntoma presente en cada individuo: algunos elementos listados son puramente posmodernos y otros  mantienen cierta continuidad con la previa modernidad, no siendo por ello más inocuos.

¿Qué hacer ante esto? No se puede dar vuelta atrás a la Historia, pero sí se puede salvar a uno mismo. Lee libros desgastados; el último Huysmans, Carlyle, Dostoyevski… Escucha a tus abuelos. Ve películas del Oeste. Borra Tinder de tu móvil. Sé escéptico. Ayuda a los tuyos. Comprende que no hay nada más sistémico que el antisistema. Tened viejos amigos, como decía Alfonso X. No mires bajo los adoquines buscando arena; mira hacia arriba. Reacciona.