Callejón

Callejuela

Son los oscuros callejones y tejados de Tarbean, de Carcosa, de París, los caminos que dan forma al nuevo mundo, como antaño hizo con los hombres grandes Babilonia. Cada manzana, un reino. Cada avenida, una muralla. Cada transeúnte solitario es un monarca vagabundo, y sus ropas son banderas. Ya flamantes, ya harapientas, cuentan la historia que nadie sabe leer en los escudos. De su poder, de las columnas de roca y de los arcos de herradura se desprende el aliento negruzco del aire viciado. Sobre las cabezas de las torres se desata un funeral de vapores y  los caídos en tales luchas se precipitan sobre las aceras, carretera y adoquines machacados por las suelas de cuero de los zapatos de la prisa. Hay un núcleo nauseabundo en el umbral de los portales que los mendigos vigilan. He aquí a los verdaderos soberanos de la urbe, los reyes y bandidos de la estirpe celestial. ¡Adéntrate en las calles y resiste! La lluvia muere de hambre tras de ti.

Sören Cabal