Currículum vitae

La siguiente reflexión es el fruto de un momento de introspección. Le prometo, querido lector, que en sucesivos momentos de sentimentalismo no tomaré la pluma. La fecha del artículo prefiere su autor que quede en el desconocimiento, pues ver que ya han pasado unos años desde su redacción le deprime.


Curriculum vitae

La locución latina Curriculum vitae podría ser traducida en nuestra lengua algo así como carrera de la vida. Y es que, ¿es la vida algo más que una carrera? Todo lo que hagamos en nuestra existencia acabará recogido en este documento. He de aclarar que utilizo el concepto de currículum vitae no en un sentido estricto, como puede ser el que presentamos ante una, inusual en los tiempos que corren, oferta de trabajo, sino en un sentido amplio, como todo aquel recuerdo de lo que hemos hecho o hemos querido hacer y que suponen un punto de inflexión en nuestras vidas.

Es este un documento irreflexivo. No hace falta sentarse y redactarlo, utilizar un lenguaje culto ni tampoco inventarse o exagerar todo aquello que uno ha o no ha hecho. No se puede mentir, o al menos no se debe mentir, si se hace, se lo estará haciendo a uno mismo.

Por ilustrar este concepto que aquí presento, lo ejemplifico con mi propio currículum, alimentando peligrosamente el ego de escritor, pero es lo único que ganamos con esto.

Siendo sincero confieso que la labor de síntesis ha sido complicada, pues encontré una buena amalgama de profesiones y dedicaciones a las que me habría gustado dedicarme, supongo que como todo niño cambia más de gustos que de ropa su madre. Aquí os presento un par de aspectos.

De lo general a lo particular. Hace unos veinte años me propuse ser un humano. Creo que lo logré porque me permiten la entrada en los locales públicos aunque tengan esta pegatina que indica que no se permiten animales. Ya sé que esto suele ser patología compartida por alguno, pero os aseguro, y vosotros lo sabréis bien, que no todos lograron este objetivo teniendo que quedar en la puerta, atados a la pata de un banco —o debiendo al menos—.

Durante mi infancia mis aspiraciones fueron volátiles, pero no sin significado. Lo que tenían en común todas es que no eran habituales, como aquella vez en la que les dije a mis padres que quería ser un saltimbanqui. Mis padres me compraron un arnés para caminar, no sobre él sino atado a él, así aprendí a mantenerme en pie con dignidad. Luego me compraron el juego de Magia Borrás, aunque lo único que hice desaparecer fue el propio juego. Hoy día aún sospecho que fue mi madre quien lo regaló tras arrepentirse de habérmelo comprado. Continué por la senda de la magia y quise ser un Rey Mago, dejándome barba para la ocasión y leyéndome un par de libros de cría de camellos. No era lo mío eso de trabajar por la noche, aunque me gustaba ese convenio sindical de tener sólo un día laborable. Así que me afeité la barba y me dejé el bigote, quería parecerme a Albert Einstein ya que dicen que la ciencia es la magia moderna. Saqué un par de críticas a la teoría de la relatividad que después registré como propiedad intelectual y hoy en día aún me están dando algo de dinero así colaboro en el costeo de mis estudios. Dejé eso de la magia, ciencia o como demonios se llame y me dediqué por completo a la estética, no a la mía, sino a las artes. Me apunté a la Banda de Música de mi pueblo y, tiempo después, cogí la “varita” que había sobre el atril del director sonando de nuevo mágicamente algo de música, concretamente Katiuska. Debió caerle simpático a aquel porque me dejó dirigir un concierto, la gente lloraba y aplaudía, era un verdadero caos de emociones. En este punto no sé si por esto o, porque vio peligrar su puesto nunca me volvió a dejar hacerlo. Así que dejé mis aspiraciones musicales.

Ahora me dedico a tiempo parcial a estudiar y “picar˝, por seguir con el oficio familiar, un futuro en la Universidad, que es lo que todo buen hijo de padre debe hacer, además de estudiar un par de idiomas para poder aspirar a una de esas inusuales ofertas de trabajo de las que hablaba presentando un buen currículum, en sentido estricto. El resto de mi tiempo lo dedico a escuchar música y dirigirla en el aire; lo de la ciencia lo dejé completamente de lado, aunque ahora a todo se le llame ciencia; continúo como Rey Mago cada Navidad; y, de vez en cuando, hago algún malabarismo con alguna asignatura.

Últimamente se me ha antojado escribir estas cosas y lo hago con esa morriña que nos visita a todos justo antes de dormir. Espero que sirva para engordar mi currículum, en sentido amplio.


Fotograma: Mad Men (AMC) / Sterling’s Gold. Wit and Wisdom of an Ad Man.