Poemas del becario

I

Mi compañero está de viaje
en el sur,
en algún lugar,
seguramente un pueblecito de veraneo inofensivo
donde siempre brilla el sol
y centellea la espuma con que las olas intentan seducir a los guijarros,
donde la arena blanda calza los pies
de los niños que galopan junto a la orilla,
donde el arroz, la miel y el pescado son el único alimento,
donde los padres se olvidan de las facturas pendientes
y del corte del gas y de la luz
que yo ejecutaré dentro de un momento
aquí,
en el escritorio que era suyo hasta hace una semana,
en nombre de la empresa que los alimentó durante años
y que hoy los remplaza por un muchacho
—yo—
más joven, más cobarde y más barato.

 

II

Fuera de mí,
donde está el amor.
¿Dónde, acaso en la vida,
se esconde el corazón de esta oficina
tan blanca, tan llena de ruido?

Tardé en ver la falta de rubor
y de alegría en los rostros de la gente.
Lo anodino retiene sus cuerpos
y los priva de ritmo y de latidos.

¿Dónde está el amor?
¿Dentro de mí?
No, me pesa demasiado la conciencia.
Ha de encontrarse
el amor
lejos de aquí.

Allá me voy,
aunque no pueda todavía.
Me iré cuando acabe la tarea
y tenga ahorros que gastar
y trabajo en la cartera…
cuando sea mayor
y taciturno
y el recuerdo del amor
me sepa a viejo, a indiferencia
y mi única ambición
sea la mejor muerte:
la de la siesta.