¡Eso sí eran órdenes!

No tenía claro el día, hacia el final de la primavera e inicio del verano de 1807, donde Pradial y Mesidor confluyen. Se resistía a dejar de utilizar el Calendrier républicain aunque ya no estaba tan convencido de su utilidad. Aquella tarde observaba cómo su ejército, tan disperso el día anterior, chocaba contra las fuerzas de la Cuarta Coalición en Friedland. Unos 66.000 hombres comandados por el Mariscal Lannes y 118 cañones bajo las órdenes de su homólogo Ney.

Cuando había dado todas las directrices dejó hacer a sus soldados y puso el modo automático. En esos momentos le gustaba ajustarse el bicornio “frontal”, ese que tiene las puntas hacia los hombros, comprobando que la escarapela cosida aún estaba ahí. Él era quien soportaba los ideales revolucionarios. Recordó Jena y al ejercito prusiano derrotado en 1806. La toma de Berlín. Algo antes, aunque no demasiado, Austerlitz y el Arco de Triunfo. Se sentía fiel a la historia y lo había comenzado a construir el año de la victoria para conmemorarla. En ese momento sonaba en su cabeza Le Chant du Depart, siempre presente. Sabía que al ejército francés le infundía valor ese cántico: “La República nos llama. Sepamos vencer, o sepamos perecer”, ese era el sentimiento.

Regresó al campo de batalla. Ahora sonaban plomazos, gritos y el choque de bayonetas. Esa era su música. Infantería y artillería cargaban mientras la caballería se estaba reagrupando en una franja de terreno cerca del río. Él conocía la importancia de esta batalla, sabía de su repercusión histórica.

Pronto los rusos se amontonaron. Blanco fácil para los cañones de Ney. Cuando éstos dejaron de sonar, ordenó cargar a la caballería que tenía de reserva. Lo mismo mandó a la infantería. Mientras estaba seleccionando una división de dragones, para rematar la faena, su madre le gritó que la cena estaba servida. ¡Eso sí son órdenes! Resignado, guardó la partida, quitó la lista de reproducción con marchas militares y apagó el ordenador. Aún llevaba el sombrero que utilizó cuando se disfrazó de Su Majestad Imperial, ¿podría continuar la campaña más tarde?