Fuero contra los abusos del lenguaje

Por razones que guardo en mi real pecho, yo, Rey-legislador de mi Corte literaria, asediado por los desvíos literarios de esta fatal hora de España de la que el Cielo nos libre pronto, vengo en promulgar y promulgo el Fuero presente.

Primera ley

El periodista redundante que escriba de tal o cual paisano que “posee una biblioteca llena de libros” recibirá en justa compensación “una paliza colmada de golpes”.

Segunda ley

Se presumirá que el hablante que haga uso del sintagma “el Ministro del ramo” se refiere al de Agricultura. De lo contrario, deberá explicar previa y exhaustivamente qué relación observa entre los ministerios y las flores.

Tercera ley

Cualquier poeta que incluya entre sus lemas citas de Silvio Rodríguez o Sara Búho será desterrado de los anaqueles de Poesía para engrosar los de los herbolarios, justo a la izquierda de los libros de Jorge Bucay y a la derecha de aquellos otros que versen sobre “los probados fundamentos de la homeopatía”.

Cuarta ley

El columnista con ínfulas de ecónomo que cite a “lord Keynes” como autoridad académica deberá leer su Teoría General y realizar un análisis sintáctico, aplicando la escolar técnica “del cajetín”, de cada una de sus oraciones.

Quinta ley

El poeta joven que sin haber escrito un soneto —ya sea bueno, malo o incluso al modo de Joaquín Sabina, a quien tanto admiro y quiero— afirme que su estilo se enmarca dentro de “los movimientos de vanguardia del último siglo” sólo podrá dar rienda suelta a sus renalidades encima del urinario de Duchamp. Contra esta pena, el Ministro de Justicia, haciendo uso de la prerrogativa de Gracia, podrá decretar la sustitutoria de componer una oda a dicho meadero en cien octavas reales con el metafísico título de ¿Fuente?¹.

Sexta ley

El novelista pluscuanmoderno que repita siguiendo a Barthe la filfa de que “el autor ha muerto” se hará públicamente el harakiri en horario de máxima audiencia y sin invocaciones a Mishima, de manera que sólo podrá continuar su carrera literaria una vez sus familiares hayan aportado el parte de defunción ante el juez de distrito más cercano.

Séptima ley

La Fiscalía actuará de oficio contra el ganador del Premio Planeta que en sus artículos de periódico clame contra la “generalizada corrupción del Sistema” —así, en mayúscula, como si se tratara de algún contubernio judeomasónico-liberal— y “el irreversible deterioro de nuestros valores cívicos” —cosa, por lo demás, muy cierta—. Si, tras el primer apercibimiento, los galardonados con el premio-tongo persistieran en su hipócrita actitud, serán condenados a colaborar en la redacción de las memorias de Luis Bárcenas: Soy inocente.

Octava ley

Aquellos que en los últimos cinco años hayan leído más de media página firmada por Almudena Grandes, artículos incluidos, y aún así sostengan que es una pensadora sensata deberán solicitar plaza en el colegio de educación infantil más cercano.

Novena ley

El padre de familia, votante reincidente de Esperanza Aguirre, que afirme en público que Fernando Sánchez Dragó es el gran intelectual de nuestro tiempo será condenado a que sus hijas, hermanas o cónyuge pasen mes y medio encerradas con él, en la misma habitación y sin otros alimentos que los que hubieran demostrado irrefutablemente sus propiedades afrodisíacas.

Décima ley

El legislador queda exento de cumplir estas nomas en buena prueba de su talante dictatorial y su posición favorable al ejercicio abusivo del poder. Si, pese a ello, fuese la regla tercera la que se viera contravenida por el poder público, cualquier intento de tiranicidio que contra él se llevare a cabo no sólo quedará impune, sino que merecerá una canonjía en alguna institución europea o embajada política.

Y así, por los poderes que me confiere no ser miembro de la Real Academia —club a cuya pertenencia aspiro tenaz aunque inútilmente—, sanciono este Real Fuero en mi Corte literaria, a 3 de marzo de 2016.

Yo, el Rey.

3 de marzo de 2016


¹ Tal es el título, aunque sin interrogaciones, de este objeto firmado y puesto del revés.

Cuadro: La Jura de los Fueros del Señorío de Vizcaya por Fernando el Católico, de Francisco de Mendieta