The Leftovers: la gran olvidada

El entretenimiento en la pequeña pantalla ha sufrido una inmensa evolución en la última década, encontrándose, actualmente, en una segunda Edad Dorada aún más resplandeciente (si cabe) que su predecesora. De esta forma, a día de hoy contamos con plataformas de streaming que nos permiten disfrutar de todo tipo de contenido en cualquier lugar y momento que deseemos, lo que fomenta la aparición de fenómenos de masas de extensión global como han sido The Walking Dead o Juego de Tronos, así como otros productos encumbrados por crítica y público. Dentro de estos últimos, HBO es la clara referencia. A dos metros bajo tierra, Los Soprano y The Wire se imponen ante las demás como los pilares fundamentales bajo los que se sostiene este auge televisivo. Sin embargo, cada cierto tiempo aparecen pequeñas joyas que igualan o superan en calidad a la tríada mencionada, pero que pasan desapercibidas para el gran público ya sea debido a su complejidad, erróneo enfoque o temática de nicho, siendo The Leftovers la gran olvidada por excelencia (y nunca mejor dicho).

Pero para entender The Leftovers primero teneos que remontarnos al inicio de esta Edad Dorada. Concretamente a 2004 con la llegada de Lost, Mujeres Desesperadas, Anatomía de Grey o House (entre muchas otras) a las televisiones americanas. Con Lost reaparece el fenómeno fan ya ocurrido en la genial Twin Peaks años atrás, desatando una ola de necesidad por parte de sus espectadores de desentrañar todos los misterios de la serie (la Isla en Lost y el asesino de Laura Palmer en la segunda) así como de predecir los acontecimientos futuros de la misma. Esto, sumado al rápido asentamiento de internet en los hogares en aquella época, provocó la aparición de una comunidad global que debatía en foros y permitía el libre acceso a los capítulos desde cualquier parte del mundo (lo que más tarde acabaría evolucionando en las plataformas de streaming), creando una bomba de relojería que no tardaría en explotar. Y, en efecto, el final de Lost no dejó a nadie indiferente. Tras una macedonia de cliffhangers baratos y metáforas pseudofilosóficas preparada durante más de 6 años, las críticas, malinterpretaciones y amenazas llovieron sobre los creadores y showrunners de la serie: Damon Lindelof y JJ Abrams. Estos se intentaron defender a través del poco creativo argumento de “es una serie de personajes” y un servidor (que había pertenecido a aquel fenómeno fan desde el principio) comprendió entonces que en el mundo hay dos tipos de espectadores: aquellos que se interesan por la historia y el qué pasará y por qué; y aquellos que llegan por lo primero y se quedan por sus personajes. Abrams era de los primeros y Lindelof de los segundos, por lo que el resultado sólo podía ser nefasto.

Tras esto, Lindelof y Abrams separaron sus caminos. El segundo se centró en desarrollar nuevas historias de ciencia ficción sin alejarse de las críticas (Super 8, remakes de Star Trek, o la tan comentada nueva saga de Star Wars). El primero, por su parte, continuaría con su enfoque en los personajes, para en 2014 presentar The Leftovers.

Basado en la novela homónima de Tom Perotta, The Leftovers parte de una premisa fantástica (el 2% de la población mundial desaparece sin ninguna explicación, 1 de cada 50 personas no es vuelta a ver) para explorar la psique humana y cómo cada uno enfrenta la pérdida, el dolor y la incertidumbre. Además, la base de su argumento sirve de sustento para que Lindelof haga lo que más le gusta: nunca se sabrá qué pasó con los desaparecidos, en toda la serie no habrá explicación. Lo importante son los personajes, los que se han quedado, los restantes.

Partiendo de todo lo mencionado anteriormente, uno se puede imaginar ya que The Leftovers no es una serie precisamente alegre. Probablemente sea la serie más dura, lenta, metafórica y personal (a veces en exceso) que he visto en mi vida. Cada capítulo es un carrusel de emociones que puede dejarte mentalmente agotado: depresiones, traumas y desesperación son el pan de cada día en esta serie, y es que para comprender The Leftovers alguna vez has tenido que estar roto. Alguna vez has tenido que experimentar una pérdida para entender por lo que pasan sus personajes e involucrarte con ellos. La pérdida de padres, madres, hijos, parejas, fe… Todo está representado a la perfección en la serie, invitando a la reflexión e interpretación propia de cada capítulo.

Pero, pese a todo, en The Leftovers hay belleza. Belleza porque, aunque sea dura, te reconforta con su evolución. Belleza porque, aunque sea lenta, una sola mirada explica más que mil monólogos sobre cómo se siente un personaje. Belleza porque Carrie Coon hace una de las mejores interpretaciones que he visto en la última década. Belleza porque su banda sonora hace que se te ericen los pelos sólo con la primera nota. Belleza porque sus reflexiones sobre la fe provocan que te replantees muchas cosas. Y belleza porque sus últimos cinco minutos tienen la mejor reflexión sobre cómo afrontar una pérdida que he visto en mi vida.

Sin embargo, The Leftovers no obtuvo el reconocimiento esperado. La audiencia cayó en picado tras las primeras semanas de emisión y en sus tres temporadas no recibió ni un solo galardón por parte de la Academia. Quizás influyó el pasado de Lindelof y Lost, quizás la premisa era demasiado dura para el gran público, quizás no se le dio el enfoque adecuado. Lo que está claro es que The Leftovers ha sido, desde su primera emisión, la pequeña joya olvidada de la HBO y no puedo recomendar más encarecidamente su visionado para que, algún día acabe llegando realmente al gran público. Hasta entonces, y como dice el Remanente Culpable: “We still remember”.