Sobre tinta y sangre

Busco sangre que siga corriendo por mis venas y cordura que llame a la puerta de mi cabeza. Busco esa pizca de locura que tan solo aparece frente al folio en blanco y con unas copas de whiskey. Busco la necesidad de ser escuchado por gente que aprecie aquello que digo. Incluso busco mantener un soliloquio con la persona que hay dentro del escritor. Las palabras retumban en mi cabeza y mediante la escritura les doy vida para que tengan sentido y para que no me carcoman. Es una creación y destrucción al mismo tiempo. Busco engañar a aquella persona que me lee y que no se de por aludida con el mensaje que le transmito. Me escondo detrás de las letras que escribo y ellas me proporcionan un manto seguro. Agradezco a la soledad el tiempo que me brinda para desvariar frente al folio, y maldigo los entretenimientos absurdos que me alejan de mi principal tarea. La pluma y el papel son la daga y el corazón del escritor, aquello que cuenta tan solo es la liberación de su alma que pide a gritos ser plasmada y salir al exterior. La escritura es un ritual personal en el cual el escritor libera a sus ángeles y demonios. Por eso busco escribir, para liberarme del cuerpo que encarcela al escritor, y conocerme mejor de lo que pienso que me conozco. Entre tinta y folios en blanco busco a la persona que quiero ser e intento escapar de la coraza que me encierra.

¿En que momento pararé de escribir? Supongo que cuando muera o cuando mi cabeza no tenga pensamientos en su interior. Necesito soltarlo. Esa cantidad de odio, de amor, de ilusiones, de celos, de desesperaciones, y de locura. Es pronto para hablar de ello. Me muerdo las uñas pensando que he de decir algo más, ese nerviosismo solo lo produce la liberación de pensamientos ocultos que tan solo mi conciencia y yo sabemos. Ahora alguien más lo conoce, y eso me pone nervioso. Tal vez debería dejar de escribir, pero entonces no volvería a ser yo.


Fotograma: Amadeus (1984)