Soy un estorbo

Te prometo que la tristeza no es cómoda ni mullida
y que, a veces, el precipicio es bonito aunque mete miedo.
Lo que más miedo me da de irme no es otra cosa que despedirme,
¿cómo de educado ha de ser uno a la hora de morirse?
Supongo que dependerá de las clases sociales
y que Marx no se conformaría con un “buenas noches, señora”.
Supongo además que sentiría cómo cada recuerdo se me clava
como las espadas en el corazón de María
y terminaría por desmayarme
como cuando ella no puedo soportar el sufrimiento de su hijo.
Pero para una vez que matan a tu hijo, yo no me lo perdería.
Supongo que será tan importante como una graduación
aunque yo siempre detesté las mías y mi profesor de literatura las calificaba de “americanada”.

Otra duda que me embarga es el método a seguir para quitarse la vida,
¡qué dificil es todo! ¡Uno no puede ya ni morirse!
Ya lo dijo Max en Luces de Bohemia: “con cuatro perras de carbón, podíamos hacer el viaje eterno”.
Además,
nadie habla de ello y me da demasiado miedo fiarme de Forocoches
y dado que Wikipedia no da unos pasos a seguir y que la parienta me tiene vigilado,
lo que mejor hago es resignarme y dejar que el tiempo haga de las suyas.

Pero una cosa tengo clara, yo no dejaría cintas como en esa serie que véis por ahí.
Yo no culparía a nadie de mi muerte, es algo totalmente natural
y pensad,
¿queréis otorgar a alguien el poder supremo de decidir sobre las vidas de otros?
¿No sería eso equipararle a un dios?
Solo hay un ser responsable de esta ansia de perecer
y no es más que un servidor.

Y cuando muera me da igual lo que hagan conmigo
pero incinérenme.
No me gustaría pensar que mi vida sexual continúa tras abandonar a mi público
y eso de hacer a mis seres queridos dar un viaje para llorarle a una losa de piedra,
se me antoja, cuanto menos, cruel.
Hagan de mí millones de cenizas y júntenlas con las de cigarros y canutos si así lo desean,
tírenme al mar o al váter que ya me las apañaré yo para alimentar a algún tiburón.
Quizá me traguen sin querer cuando uno de sus amigos les haga una aguadilla,
sería, con seguridad, el mejor sexo oral de mi vida.

Es más, no quiero tener ningún cabo de año y espero no ver a ningún cura el día clave.
No he vuelto a pisar una iglesia desde la comunión y me parece poco honesto que,
tanto ustedes como yo, tengamos que hacer el paripé.
Nunca supe cuando tenía que levantarme y sentarme en misa,
siempre sospeché que el párroco de mi barrio era en realidad profesor de batuka
o zumba,
ahora hay tantos deportes de mierda…

Si decido morirme de sábado, porque soy así de cabrón, aplázenlo.
Celebren y beban y bailen porque, quiero decir, yo no me voy a mover.
Perdonenme la broma.
Pero en serio, no se vistan de negro.
No es que no me guste, en verdad siempre fue mi color favorito
pero tampoco quiero obligarles a desempolvar el traje de las bodas
porque, y esto se lo digo en confianza, a algunos de mis amigos ya no les abrocha.

Ni se les ocurra tomar parte en esos absurdos libros de firmas,
¿piensan acaso que lo voy a leer?
No les voy a echar una reprimenda por no haber venido,
créanme, yo no iría a ninguno de sus entierros,
ya les he dicho que se me dan horriblemente mal las despedidas…

Pero puestos a pasar el mal trago de morirme,
quiero morirme.
Ya saben eso que dicen de que existe el infierno
y que un barbudo te espera en la entrada del cielo, como si fuera un puerta borde de las discotecas de mi barrio…
Pero lo que más me acojona sin duda es eso de la reencarnación.
Bastante indigna me parece ya la vida siendo humano dormilón
y no me agrada la idea de volver aquí siendo un escarabajo pelotero empujando una bola de mierda otra vida entera.

Tampoco me gustaría ser planta porque yo siempre he sido muy inquieto,
¿se imaginan que van caminando por el Retiro y de repente un ciprés les pregunta qué tal la mañana?
Pero puestos a elegir una planta aburrida y más afín con mi persona,
según los tests de la SuperPop y la Bravo
yo sería una vid bastante simplona…
También he leído que beso bien y que se va a fijar en mí el chico que me gusta
aunque no estoy de acuerdo en eso de que la prenda que mejor me sienta es la blusa.

Y como siento que me estoy yendo del tema,
voy a echar un rato leyendo el periódico por la zona de las esquelas
a ver si por ahí sale el número del jefe
y si coincide que tiene tarifa plana (que ya podría),
le diré que me haga una visitilla.


Fotograma: El séptimo sello (1957)