Octava real: En busca de la tesis perdida

Dice Sánchez altivo en el Congreso
de su tesis que ésta es harto accesible,
que al ABC no le cause embeleso,
pues en Teseo figura disponible.
Yo la veo allende el Peloponeso,
sólo en la casa de Asterión legible.
¡Cüando mentaba el nombre de Teseo,
Don Sánchez hablaba del hijo de Egeo!

Este magacín se llama Argo, pero con razón es otro barco griego el que hoy nos atañe. El majestuoso barco de Teseo, conservado por los atenienses, exigía intermitentemente la retirada y reemplazo de sus tablas pútridas para asegurar su buen estado. Más, ¿en qué consiste en realidad la esencia de la nave? ¿Puede seguir siendo “el barco de Teseo” cuando todos sus componentes son ahora novísimas piezas sobre los que el héroe griego (y no el repositorio online) jamás puso un pie? ¿O es, por el contrario, el agregado de tablones desechados lo que debería considerarse como el auténtico barco de Teseo? He aquí la paradoja de la identidad.

Ésta nos puede suscitar infinitos misterios: ¿hasta qué punto corresponde la identidad del autor de Los Tres Mosqueteros a Dumas y no a Gatién de Courtilz o a Auguste Maquet? Quizás algo parecido se pueda decir del intemporal Innovaciones de la diplomacia económica española: análisis del sector público (2000-2012), que ya va camino de ser un auténtico clásico de la literatura.

Ser malos.