Ocupado haciendo nada: Visión de «Christopher Robin, un reencuentro inolvidable»

El año pasado se estrenaba Adiós Christopher Robin, una película que ahondaba en el proceso de creación del mundo de Winnie the Pooh por Alan Alexander Milne. Este viernes, 5 de octubre, fue el momento de Christopher Robin, un reencuentro inolvidable, la historia de un niño que ya convertido en adulto se vuelve a tropezar con sus viejos amigos. Ya le confieso, querido lector, que esperaba este estreno con especial impaciencia desde hace algunos meses y la película no me decepcionó.

Decido finalmente verla doblada al castellano porque mantienen parte de las voces que recordaba de mi infancia. Dicho lo cual, aclaro que en la versión original conservan a un Jim Cummings en las voces de Pooh y Tigger, cosa que quizá me haga volver a ver la sesión VOSE. He de decir también que, aunque el universo Pooh queda lejos de mi generación, cuando era niño disfruté de las aventuras de los amigos del Bosque de los Cien Acres, tanto en libros como en animación.

Cuando uno se enfrenta a un remake de este tipo, siempre tiene que estar dispuesto a desencantarse. En esta ocasión Marc Forster, quizá redimiéndose Quantum of Solace, toma las riendas de la producción con elegancia y cierta nostalgia. Si le sumamos en la producción a Tom McCarthy, ganador del Óscar por mejor guión original gracias a Spotlight, quien genera un libreto lleno de enseñanzas sociales puestas en la voz de los habitantes del Bosque, obtenemos una buena simbiosis que conducirá a una excelente cinta.

El argumento es un viejo amigo de estas historias, el niño que se hace mayor y olvida todo aquello que de pequeño le hacía feliz. No puedo evitar recordar en este punto Hook y la brillante actuación del fallecido Robin Williams. El encargado de llevar a la madurez a Christopher Robin es Ewan McGregor que ahora se presenta como empleado de una fábrica de maletas, casado y con una hija pequeña. Acompañan en el elenco Hayley Atwell, Bronte Carmichael y Mark Gatiss como la esposa, hija y jefe del protagonista respectivamente.

Lo que todos los espectadores esperan, los protagonistas animados, no defraudan: Conejo, egocéntrico y mandón; Búho que no pierde ocasión de hablar de los tiempos pasados; y Kangu y Rito como gran tándem madre e hijo; Tigger, eufórico, deja bien claro que los Tiggers son de lo mejorcito que hay, y que nadie bota como ellos —canción incluida; Piglet amable, tartamudo, y con un miedo que le consume. Pero, sin duda, destacan por encima del resto Pooh e Igor. Winnie the Pooh siempre con hambre de miel y respuestas, nos ilustra con frases aparentemente absurdas que encierran mucha profundidad si se piensan dos veces, casi como un aborigen al que sueltan en medio de la ciudad. Igor, depresivo, pesimista y conformista, pero con el papel de sacar una sonrisa al espectador —labor que desempeña con excelencia—.

Creo que para poder disfrutar de la película es necesario conocer bien el Bosque de los Cien Acres. Percibiendo los detalles que A.A. Milne puso en los cuentos y que la película mantiene. Un filme destinado a un público adulto con un mensaje importante de fondo, especialmente para padres que sobreexplotan a niños de actividad escolar en actividad extraescolar, resumido en la frase: “no hacer nada siempre conduce al mejor de los algos”. Y es por eso que a veces todos deberíamos decir alguna vez que estamos ocupados haciendo nada o, mientras esté en cartelera, viendo Christopher Robin, un reencuentro inolvidable.