Pluto e intelligentsia

Una de las cosas que siempre me ha reventado más de la derechita y demás masa social que puede permitirse el lujo de ilusionarse con Albert Rivera, es su continua sorpresa ante la obviedad. Estima irreconciliable la derechita el izquierdismo con la opulencia. Ya se vió cuando Pablo Iglesias adquiría su nueva residencia, a.k.a. Archipiélago Gulagpagar.

Precisamente, el que los mariconservadores y centristas reprueben tal relación representa una de las mayores victorias culturales de la izquierda: nos han hecho creer que el progresismo es algo de gente humilde. La realidad es bien distinta. Que el enésimo bon vivant Hollywoodiense se declare seguidor de Bernie Sanders no es hipocresía, sino el acto más consecuente posible. El tío Gilito nunca fue la regla, sino la excepción.

La novela rusa ejemplifica bien que el progresista no es hijo del mujik, sino del barin y del burgués. El progre es aquel vientre saciado cuyo único pasatiempo es la salvación de la humanidad. Y si ello implica hacerse con el poder, más que mejor. Es algo más psicológico en origen que político. El progresismo podrá tomar una estrategia populista, pero nunca podrá ser popular (por lo menos no en su primera acepción). Abominar el legado de Juan Belmonte y Manolete, y despreciar al fútbol al mismo tiempo que se entroniza cualquier proyecto luciferino perpetrado por Gestmusic tiene poco de espontáneo y folclórico. La izquierda nunca ha dejado de ver al pueblo llano como una rémora a la que, qué remedio, hay que salvar de sí misma. Aunque no se lo merezca del todo.

Repiten que no hay nada más estúpido que un obrero de derechas. Luego les extrañará obtener minoría de votos en los barrios bajos. No saben que sólo los ricos pueden permitirse el no tener patria. Creyeron que desde Gracia o Salamanca podían comprender lo que conviene a Italia o a Brasil mejor que cualquier autóctono. Angelitos.

A la izquierda no se le puede exigir que dejen los iPhones, primero porque es una gilipollez, y segundo porque entonces dejarían de ser de izquierdas.