Crítica: Los crímenes de Grindelwald

Mi tesis es simple: Animales fantásticos: Los crímenes de Grindelwald es la película más estúpida y peor contada que he visto desde Los últimos Jedi. Si usted, lector, no ha visto la película o la ha visto y no coincide con mi tesis —¿¡!?—, hará mejor si abandona la lectura en este punto.

Bien, para los que continúen leyendo, voy a exponer someramente, hasta donde me permita el aburrimiento, algunos de los aspectos de la cinta que, desde mi punto de vista, convierten a Los crímenes de Grindelwald en una amalgama de sketches tan deshilvanada como exasperante…

¿Saben qué? No, desisto antes de intentarlo siquiera. El filme es tan absurdo de principio a fin que no vale la pena realizar un examen pormenorizado de sus patologías. Voy a centrarme exclusivamente en los personajes y veremos hasta donde llego. A partir de aquí, spoilers a gogó.

1. Leta Lestrange

Por así decirlo, la femme fatale de la película. Puntualizo “por así decirlo”, porque al final no queda claro si lo es o no, y algunos sugeridos intereses amorosos no se concretan en nada, como si el director los hubiera olvidado según iba rodando la película.

Leta es la prometida del hermano de Eddie Redmayne. Durante todo el metraje se da a entender que su papel en la historia es sumamente importante, aunque no se explica por qué, y acaba quedando en nada. Digamos que su rol se reduce a eso, a ser la prometida del hermano del prota. No se explica ni su ocupación profesional, ni las razones que la llevan a aparecer una y otra vez en la acción principal sin ningún propósito narrativo definido. Su prometido, el hermano, es policía —sustituiré los términos mágicos por sus homólogos prosaicos para simplificar y, bah, porque es más divertido así—, y dado que ella está todo el rato pegada a él, podríamos pensar que también lo es, pero en ningún momento ejerce de policía, de hecho, siempre va bastante a su bola.

En una serie de flashbacks cuya posición en la cinta interrumpe y destroza el tempo general de la película, vemos cómo en su juventud trabó amistad con Eddie Redmayne, que era una especie de rarito de los ordenadores, pero en el mundo mágico, es decir, rarito de los animales fantásticos. Así mismo, se anticipa que la muchacha sufre alguna especie de trauma o algo por el estilo, y que es una rebelde, aunque una rebelde feliz, o eso parece. En fin, el flashback no arroja ninguna información sobre la psicología del personaje más allá del mencionado trauma y una posible atracción hacia Eddie Redmayne de la que este jamás se ha percatado. No se explica, sin embargo, la naturaleza de sus sentimientos hacia el hermano del prota, por qué parece guardarle rencor a Dumbledore y por qué este personaje existe. Huelga decir que su apellido, Lestrange, es irrelevante desde un punto de vista global del universo ficticio de Harry Potter. Tan solo es, como dicen los modernos, «fan service» puro y duro.

Estas incongruencias o nulidades de guión no se solventan a medida que la película avanza. De hecho, ocurre todo lo contrario: con cada acción del personaje se va corroborando que su inclusión en la historia no tiene ningún propósito y que su personalidad es una quimera. Se comporta, además, sin lógica alguna. Pongamos un ejemplo: va al Ministerio de magia francés en busca de unos archivos que ya sabe que no se encuentran allí, cuyo contenido conoce y que, para más inri, no necesita para nada.

Pero, PERO, el momento estelar de este personaje tiene lugar unos veinte minutos antes de que termine la película. Por razones que no vienen al caso, Leta acaba en un mausoleo con otros tantos personajes absurdos, uno de ellos es el niño rata en torno al cual debería girar toda la película —aunque se pierda de vista entre tantísima fanfarria y tontería—. Resumiendo, Eddie Redmayne y el resto de «los buenos» están convencidos de que el niño rata es el hermano perdido de Leta —¿Cómo saben que tiene un hermano perdido? ¿Por qué piensan que es ese zagal? ¿Por qué no se lo han comentado a Leta antes? Ni se sabe, ni parece importar—, pero ella lo niega, pues su hermano perdido ya está muerto. Entonces, desvela su trauma secreto. Resulta que, cuando era niña, viajaba con su hermano, un bebé, y su niñera a bordo del, digamos, Titanic. El barco comenzó a hundirse. Ella llevaba a su hermano en brazos. El bebé no paraba de llorar, así que decidió «posarlo» un momento en una cuna que encontró por ahí en la que ya había un bebé. Repito: solo quería «posarlo» un momento. Hay un apagón y vemos cómo, al volver la luz, se equivoca de bebé y recoge al que no era. Se salva junto al otro bebé y ve hundirse el barco. Se lanza al agua en un desesperado intento por salvar a su auténtico hermano, pero fracasa y observa cómo es engullido por las profundidades marinas. He aquí su trauma: ser la responsable de la muerte de su hermano.

¿Ven el problema con esta historia, verdad? Los personajes de la película no, y eso que es bastante sencillo. Si Leta realmente se equivocó de bebé, no puede saber que el que murió era su hermano. Si cogió al bebé erróneo pensando que era su hermano, no tiene forma de saber que se ha confundido, ergo, no tiene sentido que se sienta culpable. Podría, claro, sentirse culpable porque pudo salvar al bebé que ella creía desconocido, pero no, no es el caso, no lo dice, ni siquiera se le pasa por la cabeza. Podría ser que Leta estuviera mintiendo, que abandonase a su hermano y salvase al otro bebé en un ejercicio de inusitado nihilismo —salvo una vida y quito otra porque soy arbitrario, porque soy un hijoputa muy complicado—, o de envidia, o de rencor porque su hermano estaba llorando y el otro no. Ah, pero esto no funciona así. Para que la reacción de los personajes tenga sentido, ella tiene que haberse confundido de verdad, por muy absurdo e imposible que resulte. La película necesita que funcione, así que adelante.

Y así se resuelve la trama de Leta Lestrange. Huelga decir que, aun no habiendo ocurrido ninguna de estas absurdeces, que el niño rata fuese o dejase de ser su hermano habría carecido de importancia, de modo que toda esta parte de la trama carece literalmente de sentido. Es el equivalente cinematográfico de una regleta que se enchufa en sí misma con la esperanza de que, de alguna forma, produzca electricidad.

Queda, no obstante, una última tontería que mencionar. Justo al final de la película, cuando Grindelwald está dando su mitin —sí, mitin, en la peli lo llaman mitin, como si Grindelwald fuera candidato a la Junta de Andalucía—, Leta finge unirse a sus acólitos y él viene a decir: «Leta Lestrange, odiada por todos, temida por muchos, blablabla». ¿Qué coño? ¿Odidada? ¿Por qué? ¿Acaso es una criminal, acaso IMPORTA? Como sea. Grindelwald la acepta, pero ella, en un último destello de… algo, intenta asesinarle y acaba inmolándose. El espectador no entiende por qué lo hace, de verdad. A mí me había llegado a caer bien, incluso. En fin, antes de morir, mira hacia Redmayne y su hermano y le dice a uno de los dos, no queda claro a cual, que le quiere. Teniendo en cuenta las continuas alusiones al amor secreto que ella siente por el prota, lo lógico sería pensar que le quiere a él, aunque se vaya a casar con su hermano el poli, pero dado que a Redmayne parece sudársela lo que a ella le ocurra a lo largo de la película, incluida su muerte, y que, de hecho, está enamorado de otra tía, quiero pensar que se lo dice al policía, que sí parece sentir su muerte. Problema: los prometidos, aunque aparecen juntos todo el tiempo, apenas sí se dirigen la palabra a lo largo de toda la película, así que lo único que inspira este sacrificio final es un gran y profundo «meh».

2. El policía

Poco que decir sobre este caballero. Hace lo que se espera de un agente de policía/auror, ni más ni menos. Tiene un poco de cara de capullo y al principio trata a Redmayne con cierta condescendencia, pero durante la película se porta bastante bien con él y parece buena persona, así que no podemos extraerle nada inusual. Pues eso, un buen policía, cuya inclusión en la historia no aporta nada bueno, pero tampoco nada especialmente irritante. Pasaba por allí y robó algunos minutos que los espectadores olvidarán nada más salir del cine.

3. Grindelwald

Lo llamo Grindelwald para no confundirle a usted, querido lector, pero no nos engañemos: el villano de esta película dice llamarse Grindelwald; sin embargo, yo no he visto al tal Grindelwald por ninguna parte. Sí recuerdo muy nítidamente haber visto, en cambio, a Johnny Depp, y no a un buen Johnny Depp, sino a un Johnny Depp que, si no me equivoco, ingresará en una clínica de desintoxicación dentro de muy poco tiempo. Juzguen ustedes mismos.

Nada se puede extraer de este simulacro de villano. No impone, no es interesante, no se conocen sus motivaciones, no tiene relieve psicológico, no tiene una voz guay, no da miedo… Es un personaje anodino cuyas apariciones en filme son tan efímeras y tangenciales que hasta el título —Los crímenes de Grindelwald— pierde sentido. ¿Qué crímenes, si casi no sale en la película? El tío anda por ahí, tramando cosas, que es lo que hacen los malos, urdir planes malévolos, y ya está. Intenta captar al niño rata al que todo el mundo busca, pero tampoco parece desvivirse por ello. Simplemente lo busca. Ahora entiendo que seguramente no aparece más en la peli porque se la pasa concentrado en la preparación de su mitin, pero incluso en este no dice nada interesante. Tiene un tono un poco hitleriano, pero nada más. Si no has leído el séptimo libro de Harry Potter, no entiendes que busca ni que vende ese Jack Sparrow en ayunas.

4. Este tío

Fat guy

¿Qué puedo decir? Este tío es mi personaje favorito de la película, el único con el que he empatizado, el único cuyo «elan» se me ha revelado. Como yo, se pasa la película sin entender un carajo de lo que ocurre a su alrededor. Protagoniza un par de gags, y eso es todo. Bravo por él.

5. La loca

Me voy a limitar a enumerar lo que hace este personaje en la película. Aparece por sorpresa en casa de Eddie Redmayne junto con mi personaje favorito. Anuncia que van a casarse, pero resulta que ha hechizado a Este tío para que le siga la corriente. Redmayne libera a mi amigo y la loca sale de la casa llorando a moco tendido. Este tío la persigue y le dice que la quiere. Ella le dice que quiere casarse con él, pero las convenciones sociales prohíben el matrimonio entre magos —la loca es maga— y muggles —Este tío es muggle—. Él dice que no permitirá que ella renuncie a su mundo para casarse con él. La loca desaparece. Volvemos a verla un rato más tarde en París, buscando a su hermana, que también es poli. No sabemos por qué la busca ni por qué no consigue encontrarla. Le da un ataque de ansiedad en mitad de la calle y es rescatada por uno de los esbirros de Grindelwald. La llevan a casa de Johnny Depp. Nada más verlo, la loca le apunta con su pistola —aka varita mágica—. Vale, sabe que el malo es malo. Sin embargo, Grindelwald, que conoce su amor por un muggle —los malos saben cosas sin razón aparente, es de esperar—, la engatusa. Más tarde, ella, rayada, acude al mitin para escuchar de primera mano lo que propone Grindelwald. De allí intenta sacarla Este tío, pero ella le pide que se quede con él. Salta a la vista que mi amigo no se siente cómodo: es un muggle entre un montón de magos tenebrosos que odian a los muggles, pero se queda de todas formas.

En el mundo real, el equivalente de esto sería una pareja alemana en 1933, ella aria, él judío. La chica le dice al judío: «Oye, vamos a ver qué dice Hitler sobre los matrimonios interraciales». Él responde: «Cariño, no me parece muy buena idea. Hitler odia a los judíos y dice que nos va a exterminar y no sé cuántas otras cosas». «Eso son habladurías. Antes de decidir deberíamos escuchar su programa». Van a un mitin del partido nazi y escuchan a Hitler decir que va a deportar a todos los judíos, que son una raza a exterminar, el cáncer de la sociedad alemana, etc., etc.

Sería un poco descabellado pensar que ese mensaje convencería a un judío y a una joven alemana que se quiere casar con él, ¿verdad? Pues es lo que ocurre en la película. La loca compra el mensaje xenófobo de Johnny Depp y se larga con él. No solo eso, sino que pide a mi amigo que la acompañe. ¿A dónde, a casa del tío que ha prometido exterminarle? Lo que le pide a mi amigo es que sea un judío que se alista en las SS, vamos.

Esa es la historia de la loca y su aportación a la película. Nada que añadir.

6. Yusuf Kama

Otro alargador que se enchufa a sí mismo. Sinceramente, la aparición de este hombre en el guión no tiene ni pies ni cabeza. Es un señor que busca venganza contra el niño rata por una movida que explica al final de la película y que resulta ser un malentendido. Eso es todo. Es como si Íñigo Montoya, después de pasarse años y años aprendiendo esgrima, buscando venganza por la muerte de su padre, se enterase de que en realidad su padre había sobrevivido y había muerto plácidamente por causas naturales. Hasta que descubre lo absurdo de su causa, Yusuf hace toda clase de tonterías: coge una infección, secuestra al interés romántico de Redmayne, secuestra a Redmayne y a Este tío —le gusta secuestrar—, sufre un síncope, guarda cama durante varios días, huye en busca de venganza otra vez y, finalmente, cuenta su movida y descubre la equivocación a la que ha dedicado su vida. Acto seguido desaparece y no volvemos a saber nada más de él. Fin.

7. Dumbledore joven

Dumbledore mola y sabe cosas, como siempre, solo que en esta ocasión es más joven, guapo y viste de forma impecable. Su aparición no deja de ser, como la del apellido Lestrange, un guiño a los seguidores de la saga. Aprovecha su parte de la película, eso sí, para desvirtuar la naturaleza del espejo de Oesed, ese artefacto tan misterioso y atrayente que conocimos en La piedra filosofal y cuya función era mostrar el más desesperado deseo del corazón de quien buscase su reflejo en él. En esta película, sin embargo, Dumbledore ve su pasado. Cosa extraña, puesto que en el séptimo libro queda claro que Dumbledore veía en el espejo a su hermana muerta. Pero qué más da, ahora ve el pasado. Al principio parece que solo ve a Grindelwald, lo que podría significar que está enamorado de su viejo camarada, pero ni siquiera eso: ve el pasado y punto. Al menos, Dumbledore mola.

8. El niño rata

ezra

Se pasa toda la película con este jeto. Busca sus orígenes. Habla poco. Es muy fuerte. No hace nada más.

Y esto es todo. Podría seguir con el resto de personajes, pero esto ya se ha hecho muy largo y, además, creo que se he dejado bastante claro por dónde van los tiros en esta película. Espero ansioso la tercera parte.


Fotogramas: Animales fantásticos: Los crímenes de Grindelwald (2018)