Ni pilares, ni Tigre Juan

Un ruedo de casas corcovadas, caducas, seniles. Vencidas ya de la edad, buscan una apoyatura sobre las columnas de los porches. La plaza es como una tertulia de viejas tullidas, que se apuntalan en sus muletas y hacen el corrillo de la maledicencia. En este corrillo de viejas chismosas se vierten todas las murmuraciones y cuentos de la ciudad. La plaza del mercado es el archivo histórico de Pilares.

 

Ramón Pérez de Ayala

Fontán

Poco, o nada, queda de la plaza cuyos soportales guarecieron de la lluvia la cabeza que barruntó esas líneas. Sí, la plaza del Fontán de Oviedo ya no es lo que era, ni literal ni metafóricamente. Muchos de los que la atraviesan ignoran esto, pero gran parte de la plaza original fue derruida en los años noventa. Tan solo se salvo la esquina de Casa Ramón, o eso he oído. Ya fuera por picardía o por falta de ideas mejores, se reconstruyeron las casas a imagen y semejanza de las que se habían tirado, de forma que las nuevas generaciones de ovetenses no supieran que, cuando creen pasear por una de las zonas más antiguas de su ciudad, en realidad están rodeados de edificios tan jóvenes como ellos mismos. Buscar antigüedad o veracidad en sus esquinas es tan inútil como buscar a Tigre Juan lanzando castañas pilongas a los niños que corretean por la plaza, e igual de placentero.