In silentio veritas

En un quiebro pasado del camino
ardieron mis virtudes, mi rosario
y la fúnebre toga de notario
con que soñé vestir a mi destino.

Mi ropa es hoy delirio y flor de espino;
ando perdido sobre el escenario:
no sé si soy mesías legendario
o un loco que a morir al mundo vino.

¡Qué importarán al cielo mis desvelos
o los tristes versículos que intente!
Concluyo, pues, sin explicar mi llanto.

Quien quiera, que me busque por los suelos,
cabe el lecho final de lo silente,
allá donde el amor pare al quebranto.


Fotograma: Ordet (1955)