In frío veritas

Ya pasea las calles el invierno
preñado de vacías telarañas.
Los ojos duermen, pasto de legañas,
y el árbol torna seco y pardo cuerno.

Las flores cantan nana al sueño eterno
y engarzan en su verso unas extrañas
elegías dichosas, mil patrañas
que no ocultan las llamas del infierno.

Escondido a la sombra de un portal,
tumbado bajo el palio de una estrella,
un hombre se aproxima a su final.

El frío se agiganta y atropella
su aliento y atraganta en son fatal
la voz que en otros tiempos era bella.