The Boys y la deconstrucción del superhéroe

En la última década, el cómic superheroico ha sufrido un crecimiento en popularidad paralelo a su aparición en la gran pantalla gracias, principalmente, al minucioso plan orquestado por Kevin Feige, quien en 2008, con Iron-Man, establecería las bases para lo que hoy conocemos como Universo Cinematográfico de Marvel (UCM). Sin embargo, dicha presencia en la cultura pop actual ha provocado cierta sobresaturación del mercado, tanto de productos, con grandes obras siendo canceladas (Daredevil, Netflix), otras pasando desapercibidas (Legión, FX), fracasos estrepitosos (Justice League, Warner) o controvertidos éxitos (Black Panther, Disney); como de fórmula (siendo su máximo exponente Los Vengadores de Joss Whedon).

En un contexto similar surge The Boys en 2006 de la imaginación de Garth Ennis. La década de los 90 había sido desastrosa para las dos grandes editoriales de cómic americano (Marvel y DC) que habían comenzado a perder mercado frente a otros sellos independientes como Image (que contaban con obras innovadoras como Spawn o Wildcats). Por ello, a inicios de los 2000 tratarían de reinventarse a través de la creación del Universo Ultimate en la primera o la saga Crisis Infinita en la segunda, ambas encaminadas a acercarse a un público joven y revivir (a veces incluso literalmente) a algunos de sus personajes insignia, provocando una enorme ola de nuevas publicaciones.

Es en ese entonces cuando Ennis, quien ya en numerosas ocasiones había declarado detestar a los superhéroes y venía de cosechar un gran éxito con su impresionante Predicador (Vértigo, 1995-2000) decide crear una obra que rompa con todos los esquemas planteados hasta entonces por el género, dotando a los lectores de una visión totalmente gamberra e innovadora del concepto de súper hombre.

La premisa es sencilla: en un mundo donde los superpoderes están a la orden del día, la CIA crea una unidad especializada con el objetivo de controlar y combatir a los denominados “súpers” cuya moralidad es bastante cuestionable ante la inexistencia de un orden mayor al que responder. A partir de ahí comienzan a desarrollarse tramas de espionaje e intrigas políticas a la vez que se combinan con una fuerte crítica al género.
Hasta entonces, la deconstrucción del superhéroe había tratado de humanizar a estos, con obras como Watchmen de Alan Moore donde se les ridiculizaba o exploraba los motivos que podían llevar a una persona a ponerse unas mallas y lanzarse a la calle a combatir el crimen. Sin embargo, en The Boys, Ennis apuesta por todo lo contrario y busca explorar las consecuencias de ostentar un poder absoluto. ¿Habéis probado alguna vez a hacer trampas o utilizar trucos en un juego de forma continuada? Al cabo de un tiempo este acaba resultando aburrido y monótono ante la falta de desafío alguno. Pues bien, los personajes en The Boys sufren exactamente dichas consecuencias. El poder absoluto los aliena y distancia de esos civiles que buscaban proteger en un principio, los cuales acaban siendo simples cifras que afectan a su imagen de marca o son meros peones en sus juegos políticos. Además, la obra utiliza al grupo protagonista como contrapunto a crisis de identidad, cuestionándose a través de ellos los límites del poder, quién debe proteger a quién o hasta dónde se está dispuesto a llegar para preservar el orden social, desdibujando las líneas que separan el bien y el mal tan claras en otras obras del género y acercándonos más a una realidad donde simplemente existen personas que actúan según sus propios intereses.

Llegados a este punto, se puede pensar que The Boys es una obra seria y reflexiva cuando nada más puede alejarse de la realidad. Si una palabra la puede definir es gamberra. Ennis se ríe descaradamente de todos los tropos existentes en el género así como de la propia industria sin ningún tipo de censura, llegando a unos límites que no se habían alcanzado hasta la fecha, lo que provocó la cancelación de la serie tras sus primeros números y un obligado cambio de editorial. Y es que, como buen irlandés, el autor hace gala del humor más negro y satírico posible, estando la violencia y el sexo explícitos presentes en cada una de sus páginas (lo que puede provocar que no sea una obra apta para todos los estómagos) así como importantes referencias a obras clásicas del cómic que harán las delicias de aquellos que tengan más conocimiento del medio (con mención especial a las resurrecciones de héroes, los cambios en sus orígenes y los jóvenes acompañantes de estos).

Sin embargo, como puntos negativos, cabe destacar que el dibujo es bastante irregular, combinando escenas de acción ciertamente impresionantes y explícitas con otras páginas bastante simples y pobres, sobre todo si se compara con otros trabajos del autor en los que colaboró con grandes dibujantes como Steve Dillon (Predicador o Hellblazer). Además, la recta final de la obra se desinfla un poco tras toda la tensión acumulada por las intrigas creadas a lo largo de la serie, pareciendo que el autor no sepa exactamente qué final darle a cada uno de sus personajes, cuando estos han sido el principal punto de interés de toda la trama.

Pese a ello, The Boys es un cómic que considero imprescindible para todos aquellos amantes del género pues supone un soplo de aire fresco a un tema tan trillado como es el de los superhéroes y que además se encuentra tan sobresaturado en la actualidad. Además, Amazon ha anunciado una serie basada en el mismo para este mismo año que si bien dudo que alcance los puntos de locura de la obra original por razones más que obvias, sí que puede suponer un punto de inicio para aquellos que estén interesados en algo más que la simple lucha del bien contra el mal y una crítica a una industria que peligra con venirse abajo por falta de nuevas ideas. El tiempo dirá qué ocurre finalmente con el género, hasta entonces y cómo dijo Moore en su día, habrá que seguir preguntándose quién vigila a los vigilantes.