Los ochos de marzo

Esta semana, Irene Montero ha manifestado que en las aulas debería impartirse el feminismo como asignatura. Esto viene a confirmar una regla fundamental en la política: la religión en las aulas es como el poder: no admite vacíos. La laicidad de la escuela es un imposible, un desideratum sin existencia fuera del papel, que pretende maquillar la más cruda evidencia: la sustitución de los Dioses de antaño por los nuevos ídolos. La ventaja de la religión premoderna es que, más que predicar la existencia de un Dios, evitaba que el ser humano llegase a creerse ese Dios. Todas las ideologías surgidas tras la revolución industrial pretenden lo contrario.

El octavo de este mes tendrá lugar una manifestación, que pese a presentarse como algo extraordinario y poderoso, tiene vocación de convertirse en un rutinario evento de periodicidad anual in saecula saeculorum, como los Óscar o las ferias del ajo en la comarca del Órbigo (hermosa comarca, por otra parte). Tampoco sería muy extraño que en años venideros, la fecha del 8 de marzo sea sustituida por un periodo de tiempo indefinido, tendente a dilatarse, como ya ocurrió con el LGBT Pride Parade (no recuerdo, ¿ahora dura una semana o un mes entero?). Es bastante predecible que se buscará empalmar el 1 de marzo con el 8, para reforzar el jolgorio wannabe claseobrerista, todo ello con el correspondiente foco mediático, claro está.

Entre los lemas de las manifestantes está el “si nosotras nos paramos, se para el mundo”. Un buen lema; nadie más puede decir lo mismo. Salvo el gremio de transportistas. Y el de controladores aéreos. Y el de estibadores. Y algunas cuantas organizaciones profesionales más. Pero por lo demás sigue siendo un buen lema.

Y, oigan, ¡qué feliz casualidad! El mismo día 8 se estrena en cines Capitana Marvel. El enésimo blockbuster de la factoría Disney dispuesto a hacer caja poniéndose del lado de las buenas. No se le escapa ni una al Capital. Uno no puede evitar recordar cuando las tabacaleras se infiltraron entre las sufragistas para “posicionar” los cigarrillos dentro de este target, como se dice en marketinés estándar. Todo sigue dentro de lo planeado mientras se sigan vendiendo muchas camisetas con el estampado de Girl Power a niñitas en búsqueda de personalidad.

Se creen combatir el neoliberalismo de la misma manera que Ayante creyó luchar contra Odiseo y los demás reyes griegos: lo único a lo que se enfrentó en su delirio fue a un rebaño de ovejas. El citado día ninguno de los grandes grupos mediáticos nacionales, por llamarlos de algún modo, cuestionará con sus titulares las premisas de las huelguistas. Gozarán del apoyo del pilar del régimen (Prisa) y de la aquiescencia de Ansón y de los Luca de Tena. Nunca unos autodenominados revolucionarios lo tuvieron más fácil. A ver si va ser verdad, como dice un buen amigo mio, que el 8-M no es un movimiento antisistema, sino a la punta de lanza del sistema.

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