Asaltando Glass

Por Aitor González Cuetos

Al comienzo de un cómic se presenta al personaje principal. Un personaje -en un alto porcentaje de los casos- masculino, atribulado y con un poder o una habilidad especial. Los detalles sobre el protagonista pueden ser escasos y se revelan conforme avanzan las viñetas o puede ser que se cuente todo desde un principio, incluidos sus orígenes. Después se nos muestran una serie de sucesos en los que este personaje tiene que intervenir y que derivarán en el encuentro con el villano al que se tiene que enfrentar y vencer para salvar el mundo. Este planteamiento es el que sigue M. Night Shyamalan en su trilogía de superhéroes cotidianos. En El protegido (2000) nos mostró al héroe, en Múltiple (2017) nos muestró al villano y con Cristal (2019) cierra la historia.

Sin embargo, hoy en día en el mundo del cómic nos podemos encontrar con revisiones de historias, ediciones especiales e incluso universos paralelos. Con todo esto juega el director para unir estas tres películas de ambientación y estética tan distinta confluyendo su historia en un magnífico acto final. En El protegido -su opera magna– todos los ángulos estaban estudiados al milímetro para hacer que cada plano de la película se viera como si hubiese fuese una viñeta. En Múltiple esa estética era sustituida por un tono más oscuro que enfatizaba los problemas, tanto mentales como físicos, que experimentaban los personajes. En Cristal, M. Night Shyamalan se retoman ambos elementos para dotar a la cinta de una estética que, aunque pueda parecer ordinaria, es muy particular. Basta tomar como ejemplo la escena en la que Sarah Paulson entrevista a nuestros superhéroes juntos por primera vez: una sala de paredes rosa pastel en la que cada personaje aparece vestido con un color llamativo que destaca su identidad.

El paso del tiempo -17 años- entre la primera película y el resto no supone ningún problema en Cristal, pues Bruce Willis y Samuel L. Jackson encarnan de nuevo a unos David Dunn y Elijah también aquejados por la edad con la argucia de que desde su primera aventura conjunta también han pasado 15 años. Sus interpretaciones no están a la altura mostrada en El protegido, o quizás sí, pero es que la interpretación que hace James McAvoy de Dennis, Hedwig, Patricia, Barry, Kevin, La Bestia y otros 16 personajes más les eclipsa. Estos roles en los que a un actor o actriz se le requiere encarnar varios papeles siempre nos retrotraen a Tatiana Maslany en Orphan Black (2013 – 2017), si bien, en el caso de McAvoy el vestuario no juega a su favor – y tampoco le hace falta – y tiene que lograr dar vida a todos esos personajes y hacer que se diferencien de manera notable entre ellos simplemente a través de distintas maneras de hablar y con su expresión facial. Objetivo que logra de manera notabilísima, por no decir sobrenatural.

Esta no es una película de superhéroes a la vieja usanza, y por eso no hay un gran despliegue de escenas de acción. La manera en la que M. Night Shyamalan nos acerca a estos hombres con poderes extraordinarios es a través de sus propios conflictos internos, con una Sarah Paulson que intenta hacerles creer que son de este mundo como el resto de los mortales. Aunque el planteamiento no pueda parecer muy frenético, los eventos en la pantalla se suceden a velocidad de crucero y las más de dos horas de duración se acaban haciendo escasas. Especialmente en la parte final de la película, cuando vemos como todo llega a su conclusión con una serie de giros que no dejan al espectador o espectadora tomarse un respiro. El personaje de Samuel L. Jackson y su madre nos muestran cómo esta parte del largometraje se asemeja estructuralmente a los comics como si de una serie de epifanías se tratase, haciendo de esta manera que Cristal sea el perfecto broche final a una serie de comics de edición limitada; una trilogía de películas de superhéroes, pero de superhéroes normalitos.


Fotograma: Glass (2019)