Joker: opinión sin (apenas) spoilers

AVISO: El siguiente artículo no contiene ningún destripe importante de la película Guasón (2019), no obstante, es recomendable haber visto el largometraje para que el lector pueda identificar todo a lo que se alude en el texto. Por razones obvias, se ha omitido cualquier referencia a Jared Leto. 

 

Un innecesario contexto

Que si Marvel es mejor que DC y viceversa es uno de esos sempiternos debates que siempre se tiene de niño. Muchos afirman que Marvel es mejor ya que, aunque sus personajes estén dotados de poderes de ensueño, siguen siendo vulnerables a fenómenos como el rechazo social, el racismo o las dificultades económicas. Motivos no faltan para ser apologista de la autoproclamada “Casa de las Ideas”, sobre todo a la vista del fenómeno cinematográfico sin parangón que han formado. Yo también preferí a Marvel por muchos años, hasta que comencé a leer a su distinguida competencia con más profundidad y salí de la caverna.

DC y su Batman han aportado algunas de las más remarcables viñetas y series animadas de todos los tiempos. Es cierto que Bruce Wayne, tragedias familiares aparte, reúne todos los requisitos para ser considerado un privilegiado: un estatus social envidiable, una fortuna que le permite adquirir tecnología casi equiparable a la magia, etc. No obstante, prestemos atención a sus enemigos. Aquí nos podremos encontrar desde un científico brillante que haría cualquier cosa por salvar a su amada enferma hasta un fiscal que, al ver la mitad de su rostro quemada por ácido, no acepta más ley que el azar del cara o cruz. Villanos que no lo son por naturaleza, sino por circunstancia. Buena parte de los malosos del hombre murciélago podrían encabezar su autobiografía con aquel ‘yo señor, no soy malo, pero no me faltarían motivos para serlo’ del Pascual Duarte. Y de entre todos ellos, el Joker, el payaso príncipe del crimen, es posiblemente el villano más célebre de todo el tebeo americano.

Joker es una película que sólo podría haber sido producida por un perdedor, y Warner Bros -al menos en el campo de los superhéroes- lo es. Mientras que Marvel Studios ha presentado los mayores taquillazos del cine contemporáneo, Warner ha encadenado una serie de fracasos de crítica desde la sosísima El Hombre de Acero (2013). Su última película, sin embargo, se desentiende de los cánones establecidos para el género desde el 2008. Ni escena poscréditos, ni vinculación a ningún universo cinematográfico.  La película del Joker posiblemente hubiera sido radicalmente distinta -más convencional- si la Liga de la Justicia hubiese batido a los Vengadores en taquilla.

 

La genealogía del hombre que ríe

El concepto del Joker no es unívoco a lo largo de la historia. En sus primeras apariciones se le dibujó como un gángster llamado Jack Napier que, al caer en una cuba de ácido, pierde su cordura y el adquiere el tono de piel y de cabello y la sonrisa que todos recordamos. Este mismo origen sería adaptado por Jack Nicholson en el Batman de Tim Burton. Esta versión, empero, no sería para la eternidad. En La Broma Asesina (1988), el conocido Alan Moore configuró al payaso como un cómico frustrado que por extrema necesidad se ve avocado al mundo del crimen. En la historia de Moore, la caída en el ácido sólo es el cenit de una serie de catástrofes personales que terminan por conviertir a un buen hombre con dudas en un monstruo. Para 2008, Christopher Nolan escogió a Heath Ledger para encarnar a un Joker nihilista y abogado del caos en El caballero oscuro. Su origen (y el su sonrisa) no es clarificado -el propio villano ofrece versiones contradictorias durante el filme- porque realmente no es necesario conocerlo para entender la psicología del personaje. Para esta versión, parafraseando a Nietzsche, no existen hechos, sólo interpretaciones.

La nueva película de Todd Phillips bebe de estas referencias, pero a la vez imagina a un nuevo Joker: Arthur Fleck, un marginado social que intenta avanzar en su carrera como cómico, a la par que debe lidiar con una enfermedad mental que le condena a la otredad. La historia abarca, previsiblemente, la caída de Arthur y cómo éste deja paso a su verdadero yo, el Joker. Y merece la pena.

 

Por fin, la crítica

No es fácil ser original al analizar esta película, pues ya al poco de su estreno se han publicado miles de artículos al respecto. Parecen existir dos grandes opiniones enfrentadas en torno a la película. La primera, bastante popular en los sitios web dedicados al cine, sostiene que Joker es poco menos que una obra maestra que sigue la estela de las películas más memorables de Scorsese. La segunda, abanderada por no pocos periodistas anglosajones de todo signo, critica la exaltación de la violencia, el infantilismo de su protagonista y considera a la película como pretenciosa. Se puede comprobar fácilmente esta polarización al contraponer la valoración realizada por la crítica especializada con la dada por los usuarios en páginas web como Metacritic. Por mi parte, creo que debe reclamarse un ‘tercera vía’. Ecuanimidad, que no equidistancia. Allá vamos.

Bastan pocos segundos para que hasta el menos avezado de los espectadores se de cuenta de que esta no es una película de cómic más. El inicio del filme ataca al espectador con contundencia, siendo capaz de exponer toda la infelicidad e inseguridad de Arthur Fleck cuando simplemente se maquilla para trabajar un día más. El segundo golpe de efecto es la propia atmósfera decadente de Gotham City, trasunto de aquella Nueva York setentera de sueños rotos y crimen descontrolado. Un ambiente hostil que en ningún momento se ve desvirtuado por habituales chascarrillos anticlimáticos y demás recursos manidos que por imperativo empresarial figuran en casi todas las producciones de su rival, Marvel (la última de Spiderman era insufrible al respecto). El tono es crudo en todo momento. Y todo ello es acompañado por una fantástica fotografía y paleta de colores que te transporta a una urbe en la que nunca querrías vivir.

La trama, los sucesivos golpes que Arthur va encajando hasta su metamorfosis (aquí está la influencia de Moore), hace funcionar a la película de forma más que satisfactoria. El guión es irremediablemente predecible, dada la naturaleza de la obra, y tiene las conveniencias habituales de toda historia, lo cual no impide que tenga un par de giros argumentales muy solventes. Se ha sabido explotar las ambigüedades acerca del pasado de Arthur con acierto, lo cual es de agradecer. En general, no ha habido grandes sorpresas en cuanto al enfoque argumental: la película cumple las expectativas en lo narrativo, ni más, ni menos.

Joaquin Phoenix es, sin que quepa lugar a dudas, el principal punto a favor de la película. Es hipnótico verlo carcajearse nerviosamente y danzar conforme desciende en la locura. Casi hace dudar acerca de quién realmente debería llevar la camisa de fuerza, si el personaje o el actor. Como dijimos antes, cada Joker cinematográfico tiene unas motivaciones bien diferenciadas. Jack Nicholson buscaba la venganza, el poder y el lucro; Heath Ledger la destrucción gratuita; Phoenix, por su parte, es el Joker del desquite, el que no soporta más humillaciones y se revuelve. No obstante, aunque esta idea está bien planteada, falla eventualmente en su ejecución, como puede ser el ‘alegato’ final del payaso, donde quizás sí da cierta impresión de eterna adolescencia y rebeldía impostada. La citada escena revela que esta nueva interpretación del villano de cómic es incapaz de escapar completamente de la parodia memética del ‘vivimos en una sociedad en la que…‘. El propio Joker se declara apolítico, y esto es estrictamente cierto, porque parece más centrado en buscar la atención pública que en cambiar el mundo. El problema es que esto último resulta más consistente con un Joker como el de Ledger que con el que la película nos ha ido construyendo. A mi parecer, la película es más valiosa a la hora de representar el camino a la perdición de Arthur, siendo la culminación del proceso algo más floja. 

La dirección de Todd Phillips me supone otro de los puntos menos interesantes de la película. El director detrás de la trilogía Resacón se muestra en exceso conservador por momentos con determinados planos, restando crudeza y sordidez a algunos de los momentos más impactantes de la película, como es el del mentado alegato del Joker. Un plano fijo y un corte súbito de la música hubieran sido más efectistas en *ese* momento clímax de su discurso, transmitiendo mejor la inestabilidad del villano… o el estupor de sus espectadores. También es criticable la falta de sutileza en la secuencia del callejón del crimen, todo un chemin battu en el mundillo de Batman.

La versión en castellano de la cinta también acarrea ciertos problemas, como es el hecho de que hayan sido traducidos de forma intradiagética varios textos que aparecen en la película. A modo de ejemplo y sin palabros, en todos los planos en los que se muestra el diario de Arthur, veremos que está escrito en nuestra lengua. Esto, a priori, no debería suponer un problema si no fuese porque la letra se nota algo artificial, así como que durante las dos horas de duración del film veremos cuantiosos documentos y rótulos en la lengua de la pérfida Albión. Es comprensible que se haya intentado evitar el abuso de subtítulos, pero la solución puede llegar a ser incluso más disonante.

La gran polémica alrededor de la cinta ha sido la hipotética glorificación de la violencia y el cómo parece justificarse una conducta homicida que recuerda a la de conocidos asesinos múltiples. No puede negarse que, a lo largo del largometraje, vemos como la transformación en el Joker es ‘liberadora’ para Arthur; un alivio. Éste siempre culpa a terceros de sus males, y parece que la película quiere que nos pongamos de su lado con frecuencia. Pero reconozco que no se me ocurren formas muy distintas de contar este mismo origen del personaje sin transmitir las mismas impresiones. Creo quel se debe prestar atención no sólo a las acciones del Joker, sino también a sus consecuencias. La revolución del payaso contra la élite es la consecuencia necesaria de una Gotham decadente, plutócrata y corrupta. Pero del caos de la revolución y la anarquía habrá de surgir un caballero oscuro que imponga el orden y se sacrifique para que la ciudad renazca. Así como en los ciclos védicos, Gotham es un mito de cómo los hombres son producto de su era, pero a la vez forjan las que están por venir.

En términos generales, Joker es probablemente la mejor película sobre personajes de cómic de la última década (y si no, está en el top tres), y a su vez una gran película por derecho propio. No por ello es una obra inmaculada, y creo que ha habido cierta temeridad por parte de aquellos que la han calificado como ‘joya scorsesiana’. Es innegable que Taxi Driver es una referencia para el filme, pero eso no agota la esencia de la película, para bien y para mal. No es la obra maestra que muchos de Filmaffinity quieren ver, pero es fresca y excepcional a la vista de su contexto, y, pese a sus contados defectos, se me antoja superior a sus competidores en cartelera, como son la maravillosa miscelánea hecha película de Tarantino y la soporíferamente bonita Ad Astra. De El Crack Cero no digo nada, que la tengo pendiente. 

Estén atentos a La Trinchera de Argo para el análisis con spoilers.